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Walter Bishop

There’s only room for one God in this Lab. And it’s not yours… (sólo hay sitio para un Dios en este laboratorio, y no es el tuyo)

John Noble se merece un Emmy. No, voy a decirlo más tajantemente: John Noble necesita un Emmy a la de ya. Y lo digo hoy, un día antes de que se hagan públicas las nominaciones de este año, no sea que mañana me lleve un “¡Zas, en toda la boca!”. Ya en la primera temporada Walter Bishop fue uno de los personajes favoritos de la audiencia, pero el cambio de actitud de Walter, la aparición de Walternate y la marcha de Peter han sacado caras muy diferentes este último año, e igual de magistrales.

¿Quién no lloró con Walter cuando Peter se marchó al otro lado? ¿Quién no ha sufrido con él mientras intenta recordar esas imágenes perdidas en su cerebro? ¿Quién no le ha llamado loco con esas teorías sacadas de la manga que, finalmente, casi siempre resultan ser ciertas? Y, lo más importante, ¿Quién no se ha reído con la cantidad de excentricidades que este personaje puede llegar a realizar?

La historia de Walter Bishop es la del fracaso, la de la mente privilegiada cuya propia sabiduría le llevó de cabeza a un manicomio. El Zipi de Zape, un científico en pos del desarrollo y la innovación que tenía en William Bell su mano derecha y, a la vez, su némesis. Juntos fueron capaces, con una pequeña ayudita del Cortexifan, de descubrir el otro lado, otra realidad similar pero diferente, más avanzada y con más recursos. Unos conocimientos que terminarían por condenar a Walter a un mundo de parcial ignorancia.

Su “robo” en el otro lado fue su alegría y su tormento, y en su segunda oportunidad en el mundo de la ciencia, esta vez al frente de la División Fringe, tuvo que volver a ganarse el cariño de su hijo, algo muy difícil cuando sus necesidades igualan (e incluso superan) a las de un niño, cambiándose las tornas y siendo ahora Peter el que tendría que cuidar de su padre. Una relación difícil que terminaría de consolidarse en esta segunda temporada, aunque no sin la agonía y tristeza de Walter, harto de tener que ser vigilado constantemente.

Deseo tanto volver a ser independiente otra vez, vivir como un hombre, no como un niño, sin tener a mi hijo vigilándome todo el tiempo. No es que no aprecie todo lo que haces por mí, es que ésta no es la forma en que debe ser.

Pero la alegría duró poco, y el descubrimiento por parte de Peter de su verdadero origen desarmó todo lo que tanto tiempo costó crear. Walter, desconsolado, vio literalmente cómo su corazón le fue arrancado de sus entrañas, perfectamente representado en la pequeña joya que fue “Brown Betty”. Por suerte para Walter, y gracias a la ayuda de Olivia (la nuestra), Peter logró entrar en razón, y las dos veces que Walter cruzó la línea para salvar la vida de su hijo se tornaron definitivas.

Y pasando al tema puramente interpretativo, en este vídeo de aquí arriba tenemos a John Noble/Walter Bishop/Walternate dándolo todo. Son las mil y una caras de Walter que hemos visto en estos cuarenta episodios largos que componen la serie, todo un catálogo de emoticonos que van desde la exaltación y la desesperación hasta la furia y el arrepentimiento. Creo que este año nadie ha mostrado tal cantidad de registros, exceptuando obviamente a Toni Collette y sus alters en ‘United States of Tara’.

Por todo ello y por más, John Noble debe subir al escenario el próximo día 29 de agosto para recoger su estatuilla. Sería un perfecto reconocimiento tanto al actor como a la serie, ya que dudo que ‘Fringe’ consiga premio en otra categoría estando al acecho series como ‘Mad Men’, ‘Breaking Bad’ o ‘Lost’. Sea como sea, mañana saldremos de dudas, cuando Sofía Vergara y Joel McHale anuncien los nominados. Si alguna vez ha existido justicia, John Noble estará ahí.

En ¡Vaya Tele! | La importancia de llamarse Paloma Cuesta

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