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¡Tres puntos, colega!

En nuestro Nostalgia TV de hoy vamos a repasar una de las series que más nos marcaron en nuestra infancia e incluso en una pre-adolescencia en la que nos costaba despedirnos de los colores, los personajes y las tramas de los dibujos animados que tanto nos habían acompañado y hecho disfrutar. Para los nacidos en los 80, la llegada de las teles privadas coincidió con nuestro cambio de niños a pseudoadultos de medio pelo y el aterrizaje de ciertas series anime acompañó nuestra evolución hasta un tipo de historias que nunca habíamos visto.

Acostumbrados a las series de dibujos más bienintencionadas y con una clarísima exposición de lo que era el bien y el mal, las series japonesas que llegaron con Telecinco y Antena 3 nos brindaron la oportunidad de ver personajes con más matices, a “buenos” que eran pillos y muy divertidos. En este sentido, ‘Chicho Terremoto’ es una serie que casi todos los que tuvimos el gusto de ser sus espectadores disfrutamos al máximo, por el tipo de personajes que nos traía, porque era gamberra y estaba llena de posibilidades.

El chico que juega al baloncesto

La historia nos traía a Chicho Terremoto, un jovencito cuya máxima aspiración era jugar al baloncesto y conseguir ser una estrella del deporte, a pesar de su corta estatura, lo que en principio podría haber significado un impedimento absoluto, pero que para Chicho nunca resultaba un problema. En otro orden de cosas, el segundo objetivo del protagonista, en ocasiones, mucho más importante que el primero, era conseguir el amor de Rosita, el personaje femenino que encarnaba todas las virtudes de una mujer prácticamente medieval: hermosa, dulce, prudente, trabajadora y pura.

‘Chicho Terremoto’ es una serie que nos marcó, yo creo, por lo diferente que resultaba respecto a los dibujos a los que estábamos acostumbrados. No sólo no estábamos habituados a ese tipo de tramas tan “picantes”, sino que además, en la serie se hizo una adaptación general a nuestra cultura de los nombres y los diálogos. Se supone que para que resultaran más divertidos para el público español, algo que conseguía también que la serie tuviera una personalidad muy particular.

Gamberrismo por fuera, valores por dentro

En ‘Chicho Terremoto’ puede que lo más destacable fuera la personalidad del protagonista. El chico era un auténtico dechado de virtudes: egoísta, narcisista, vago, engreído… Y muy muy políticamente incorrecto. Auténtico gamberro, Chicho poseía una eterna calentura sexual que vivía su éxtasis más absoluto cuando conseguía el preciado tesoro de unas bragas blancas (el color más apropiado para éstas, según él) y más aún si pertenecían a la dulce Rosita, su amor platónico.

Chicho era un auténtico antihéroe: con unas cualidades físicas que lo alejaban del modelo clásico de protagonista “deportista”, su manera de relacionarse con los demás difería mucho del Oliver Atom al que todos adoraban por su caballerosidad dentro y fuera del campo. Además, era un contestón, un listillo, un individuo de escasa moral. Pero aún así, a todos nos encantaba. Tal vez, el hecho de que fuera un chico normalito, del montón, que conseguía su sueño de deportista, nos hacía quererlo. Sus contestaciones gamberras al estilo de una sitcom norteamericana también nos dejaban muy buen sabor de boca.

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Pero lo cierto es que yo creo que Chicho triunfaba por todo aquello que contenía bajo esa capa de personaje gamberro que, aparentemente, sólo vive de sus golferías varias. Chicho demostraba que cualquier persona que tenga un sueño, si lo persigue y lucha por él, puede acabar consiguiéndolo. El ansia aspiracional de la serie era mucha, pues Chicho conseguía superar todas las limitaciones físicas, tomarse con mucho humor su estatura y a partir de ahí pelear por lo que quería, con un ahínco tal como el de cualquier otro héroe. Chicho nos enseñaba también que nunca debemos dejarnos hundir por las opiniones adversas de los demás y que, siendo nosotros mismos, sin bailarle al agua a nadie y sólo con nuestro propio esfuerzo, somos capaces de mejorar y crecer como individuos.

No importaba lo marginado que Chicho estuviera al principio de la serie, cuando entraba a formar parte del equipo de baloncesto del instituto y nadie se lo tomaba en serio. Haciendo oídos sordos a las críticas y burlas, conseguía convertirse en uno de los mejores. Además, la serie hacía mucha parodia de los tópicos de las series deportivas, algo que, al menos para mí, fue un revulsivo en mi manera de ver los contenidos de una ficción: se reía de las cursiladas, de los discursos grandilocuentes y de los que se toman demasiado en serio a ellos mismos, para traernos a un personaje que vivía al día, sin pensar en las apariencias.

El único pero que yo pondría a todo esto, es el personaje de Rosita, la chica de la historia. Que tanto podría haber sido una persona como un pastel de nata, pues la misma presencia, contundencia y evolución que podría tener éste es el que representaba la figura femenina. Se trataba de una chica buena, dulce, simpática, responsable, tímida… un ideal femenino un tanto ranciete, vamos. Me gusta pensar, eso sí, que su presencia se debía también a una parodia de este tipo de personaje que abundaban tanto en otros animes. ¿Habéis visto alguien más soso que la “novia” de Oliver Atom? La mujer como apoyo incondicional del hombre, al que admira y venera profundamente, sin remisión.

Un nuevo lenguaje audiovisual

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Ahora estamos muy acostumbrados a que las series animadas nos muestren a personajes gamberros y a situaciones disparatadas y muy surrealistas, pero, teniendo en cuenta que estamos hablando de una serie de 1981, hay ciertos aspectos que llaman poderosamente la atención.

En primer lugar, destacaría la cosificación del cuerpo humano. Recuerdo cómo Chicho se “transformaba” en balón para conseguir un efecto en el tiro o, en su etapa de tenis de mesa (puesto que la serie tocó varios deportes) cómo golpeaba su mano para que se hinchara y conseguir un instrumento más potente y voluminoso. Esto nos lleva a la caricaturización del personaje y nos aleja de cierta empatía generada por los sentimientos de los protagonistas, puesto que verlos convertidos en objetos nos resulta divertido pero también nos separa de su humanidad.

Después, hablaría del feísmo empleado para representar ciertas reacciones. Los “caretos” de los dibujos anime no son singuna novedad para nadie, pero sí dicen mucho de la imagen que nos quieren hacer llegar. Caras descoyuntadas por la sorpresa, el miedo, el entusiasmo o la rabia. Ojitos brillantitos, babas que caen… son sólo algunos ejemplos de un tipo de animación que sirve para identificar muy claramente el sentimiento por el que pasa el personaje pero también para llevarlo a un extremo humorístico que provoque la risa del espectador.

Para terminar, no me gustaría olvidar los elementos surrealistas que acompañaban a la serie. Sólo hay que recordar quien era el máximo competidor de Chicho respecto al amor de Rosita: Bobby, un perro. Un perro que hablaba (aunque creo recordar que sólo Chicho le escuchaba) y que vestía unos boxers muy pudorosos. Por lo demás, había giros estrafalarios, reacciones inesperadas y todo un ejército de instrumentos divertidos que convirtieron a ‘Chicho Terremoto’ en la serie carismática que muchos recordamos con cariño.

Ficha Técnica: Chicho Terremoto

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  • Título Original: Dashu Kappei
  • Género: Anime
  • Cadena: Fuji TV (1981-1982)
  • Emitida en España: Antena 3
  • Disponibilidad DVD: Serie completa

En ¡Vaya Tele! | Nostalgia TV

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