'Pesadilla en la cocina' desgrana su menú

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Anoche vivimos una jornada de alta competencia “prime-timística”. Se estrenaba ‘Pesadilla en la cocina‘, el remake español de la americana ‘Kitchen Nightmares’ ‘Hell’s Kitchen’, ese programa en el que un chef de reconocido prestigio irrumpe en un restaurante que está al borde de la ruina (no sólo económica, sino que también, en muchas ocasiones, moral) y trata de salvar el negocio mostrando a sus dueños qué pueden hacer para que la rueda gire favorablemente para ellos.

Pues bien, la versión española, con el chef Alberto Chicote a la cabeza de este acontecimiento, consiguió unos excelentes datos de audiencia para La Sexta, el canal que tuvo la gracia de acogerlo. Con un 13’7 % desbancó a los poderosísimos tróspidos que se quedaron en un 10’1 % y mostró unas uñas que auguran una buena pelea (televisiva, claro) durante las próximas semanas. Pero más allá de las cifras, pasemos a analizar en qué consistió el programa, su contenido y la forma en que nos fue servido.

Es indudable que para este primer programa, los directivos del mismo (por cierto, la productora es Eyeworks, la misma de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?‘ escogieron a un protagonista duro de pelar. Chulesco, prepotente, el choque entre las personalidades del dueño del restaurante y Chicote fue la principal baza que jugó el espacio. Con conversaciones de alto voltaje y palabras subidas de tono, el dramatismo rozaba en ocasiones lo canallesco.

El mecanismo de un reloj

Tenemos un protagonista muy potente, vamos a introducirlo en una historia de redención. Y es que, he de reconocer que me pareció que los tiempos del programa estaban muy pautados (un poco excesivamente demasiado, quizá) con lo que el programa podría haber sido perfectamente el capítulo de una serie de ficción.

Pasamos por todas las fases posibles: al principio todo está fatal y los trabajadores pelean entre ellos. Chicote presenta un plan genial y las cosas parecen mejorar. Pero el protagonista (el dueño chulete) no acepta las nuevas normas y se rebela (con intento de abandono incluido y un quitarse la petaca del micro que siempre queda muy resultón) y se marcha. Al día siguiente, Chicote y él hablan de tú a tú, o de tío a tío, con un entrenamiento de rugby de fondo. La conversación, que podría verse en cualquier melodrama recoge frases del tipo “tú puedes hacerlo, creo en ti, etc”.

El prota sigue los consejos de Chicote y se viene arriba. En pleno subidón, el programa cambia la decoración del negocio y todo está nuevo y reluciente (y sin menús pegajosos). Los trabajadores del restaurante se enfrentan a una nueva noche con muchos ánimos. Llegan unos moteros hambrientos (esto es muy peligroso en verdad) y se acumula el trabajo, parece que los ánimos van a flaquear pero el prota salva la situación (no sabemos muy bien cómo, pero es bonito). Todo sale bien y, atención, el prota le pide a la chica que se case con él. Sí, habéis leído bien.

Me gustó el programa y entiendo porqué funciona pero sí veo cierto encorsetamiento en las estructuras para tener giros finales felices que aunque son efectivos y dan mucho ritmo y dinamismo, creo que restan credibilidad a la globalidad del conjunto. Por otro lado, la figura de Chicote, de la que no se sabía si estaría a la altura del chef Ramsay creo que cumplió con nota. Tiene además un físico estupendo: grande, casi fiero, que después puede derretirse como la mantequilla cuando es necesario.

Y cómo olvidar también, esos momentos de cinema verité en los que los planos detalle de la suciedad en la cocina son los protagonistas, en los que aparece carne putrefacta y caldete de pescado. Ay, se me pone el pelo de punta de recordarlo. Muchos insultos también, mucho tiempo para ver el enfrentamiento entre los trabajadores, para entender que el equipo hace la fuerza, claro, sí, es cierto, pero incluso para mí, que soy de amplios gustos, se me hizo un tanto duro tanto vocabulario agresivo.

En ¡Vaya Tele! | Antena 3 prepara su propia versión de ‘Pesadilla en la cocina’

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