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En esta época de fagocitación audiovisual en la que la maquinaria de la televisión parece manejar sin remisión los hilos de todo lo que vamos a ver, y todo lo que no vamos a aprender, en el que hacer zapping es una lucha para esquivar las balas de lo que nos resulta banal, mentiroso o incluso mezquino, en el que el visionado incluso de los contenidos que más nos pueden gustar son ofertados sin piedad y obligados a ser consumidos con presteza, aún hay reductos para ver una televisión tranquila y pausada, una televisión para paladear y ser asimilida mientras uno se entretiene sin más pretensión que el aprendizaje derivado de la curiosidad.

Uno de esos programas que consiguen hacer disfrutar al espectador por su contenido preciso, intenso pero también mágico y elegante es ‘La mitad invisible’, un espacio de La 2 que ya va por su tercera temporada, que trata sobre el arte y su percepción y que está presentado por una figura tan rompedora y amigable como es la de Juan Carlos Ortega, ese meta-humorista (si se permite esta expresión) que encuentra la risa en el disparate de lo cotidiano.

Arte cercano y evocador

‘La mitad invisible’, nos acompaña silenciosamente desde 2010, es de esos programas que no chillan ni se reividincan constantemente, de los que es tan sencillo no saber nada porque hacen una tímida aparición semanal, ofreciendo una impronta que el espectador es libre de coger o no. Hay tantos y tantos que rugen cuando ven la parrilla televisiva pero que tampoco se preocupan por conocer estas raras avis, estas flores en medio del desierto… Vive y deja vivir, parece decir este programa, cálmate, mira al frente y deja que te llene de una sabiduría gozosa entendida desde el disfrute y desde el más puro apasionamiento.

Cada una de los programas de este espacio es un reportaje de 30 minutos centrado en un obra de arte. Una obra de arte puede ser un cuadro, o un edificio, o una canción, o una película… Durante el programa, Juan Carlos Ortega nos lleva de la mano para descubir junto a él (nunca está por encima, siempre nos invita a acompañarle) una pieza, una creación, que él considera fundamentalmente artística y que, por tanto, trata de seducirnos con unos hilos invisibles. Ortega repasa la historia íntima de ese elemento, despojándole de sus capas más inmediatas para sumergirnos en las estructuras esenciales, en su verdad más desnuda, en la necesidad que el autor sentía al crearla, o en el alivio al encontrar un medio para canalizar sus sentimientos o en la generosidad del que comparte un trozo de su alma sin artificios.

Pero ‘La mitad invisible’ no es un espacio para aprender porque sí, con datos y anécdotas sobre arte. La sinuosa estructura del espacio, los velos que recubre y desnuda resultan muy estimulantes. Una persona siente algo mágico al observar un objeto artístico y desea compartir esa sensación, y desea recrearla de una manera jugosa y original. El tono de este programa es un diez a la hora de invitar al espectador. La manera en que las piezas están contadas, la naturalidad y simpatía con el que el conductor del espacio nos lleva de un lado a otro es otro de esos ingredientes que hacen de ‘La mitad invisible’ un pequeño dulce con el que disfrutar en cualquier momento. Si no lo habéis visto, os recomiendo su visionado, los sábados a las 20:00 o en la web de TVE: ‘A la carta’, un extenso catálogo para aprender sobre la esencia artística que encierran algunos elementos de nuestra cultura.

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