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The Killing: Crónica de un asesinato‘, que es como se titula en España ‘Forbrydelsen‘, está entrando en AXN en su recta final de capítulos, una recta final en la que la serie deja muy claros cuáles han sido desde el principio sus intereses. Hemos tenido más de la mitad de la primera temporada para familiarizarnos no sólo con los personajes sino, sobre todo, con esa Copenhague que casi siempre vemos de noche, en la que sus personajes pasan la mayor parte del tiempo en interiores poco iluminados y, en su mayoría, austeros y hasta fríos. Hemos visto cómo los padres de Nanna Birk Larsen ven implosionar toda su vida con el asesinato de su hija, cómo las sospechas circulan por el entorno del ayuntamiento y cómo Sarah Lund va persiguiendo y descartando a los sospechosos que parecen más probables, pero es en los últimos cinco episodios o así cuando la serie de verdad explota el tema que de verdad le interesa.

Y ése no es otro que la espiral de obsesión y autodestrucción en la que entran el concejal Troels Hartmann y la propia Sarah Lund. La muerte de Nanna a ellos les afecta de forma más indirecta que a sus padres, pero el modo en el que termina carcomiendo sus vidas es casi hasta más destacable que el entorno de dolor, instinto de supervivencia, desconfianza y silencio que se instala en casa de los Birk Larsen. Aquí no va a haber spoilers sobre quién es el asesino, una cuestión que termina perdiendo interés cuando llegamos a los tres últimos episodios, porque es la onda expansiva de ese asesinato lo que se adueña finalmente de la función.

En el ayuntamiento

En la segunda mitad de la primera temporada es cuando se descorre el telón que nos ocultaba el lado oscuro de Troels Hartmann, o más que su lado oscuro, el potencial para que se convierta en un tipo como el alcalde, al que desprecia por considerarlo capaz de cualquier cosa por mantenerse en el poder. Las maniobras entre bambalinas, las insinuaciones de conspiraciones y tratos poco éticos para asegurarse el apoyo del resto de concejales de cara a las elecciones y las sospechas que van generando la investigación del asesinato de Nanna van enrareciendo poco a poco el ambiente entre Hartmann y sus colaboradores, y van también nublando el buen juicio del propio Hartmann.

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Obsesionado por intentar descubrir por su cuenta al asesino de la joven y su conexión con el ayuntamiento, y pensando que el alcalde Bremer ha lanzado una especie de campaña contra él, Hartmann va dando por supuestas cosas que no están tan claras y empieza de dudar de todo. Su campaña para ser elegido alcalde y su relación con sus colaboradores están muy bien contadas durante toda la temporada. Con unas pocas pinceladas sabemos enseguida qué ocurre entre Troels y su algo más que ayudante, Rie, y las grietas que se forman entre ellos también se hacen muy claras casi sin necesidad de que nos las expliquen mucho. El modo en el que a Hartmann se le va escapando la situación cuando siempre cree tenerla controlada es de lo mejor logrado de ‘Forbrydelsen’.

La obsesión de Lund

Por supuesto, no podemos olvidarnos al verdadero hallazgo de la serie, esa Sarah Lund que habla poco y tiene dificultades para conectar con el resto de la gente, que siempre está pensando algo y que no está dispuesta a detenerse hasta que no haya cumplido su objetivo, que no es otro que encontrar al asesino de Nanna. Las consecuencias que sus actos puedan tener no le importan mucho en el momento, pero cuando tiene que enfrentarse a ellas las asume con todas las consecuencias. Lund es ese policía testarudo y persistente que pocas veces hemos visto encarnado en una mujer. Sólo le preocupa el trabajo, encontrar a los “tipos malos” y nada más, y sin darse cuenta va asomándose más y más al abismo, al momento en el que un único caso puede tirar por la borda todo lo que ella ha construido durante los últimos años.

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La determinación con la que Sofie Grabol interpreta a Lund, y el modo en el que sus ojos muestran cómo va dándose cuenta de hasta dónde ha llegado para resolver el caso, es el impulso detrás de la recta final de esta primera temporada. Sí, se sabe quién mató a Nanna, pero casi ni importa. Es cómo afecta el asesinato a quienes se mueven a su alrededor lo que de verdad otorga su peso y su nota diferenciadora a ‘Forbrydelsen’. El crimen, al fin y al cabo, y como suele ocurrir a menudo, es menos complicado de lo que parece, aunque algunos de los flecos introducidos a mitad de la temporada no terminan de explicarse bien, y son las decisiones que toman quienes han de desenredar la madeja lo que de verdad importa.

forbrydelsen_reseñaEn el Reino Unido, esta primera temporada de ‘Forbrydelsen’ se emitió en el minoritario BBC4, los sábados por la noche, y logró atraer a más espectadores que ‘Mad Men‘, que también emite ese canal y que tiene obsesionados igualmente a los británicos. Como decimos, no es tanto el averiguar quién es el asesino como el retrato de los caminos autodestructivos de los relacionados con la investigación lo que realmente le interesa a la serie y, en concreto, mostrarnos la obsesión de Sarah Lund por resolver el caso. Ella es, con justicia, la protagonista de la serie, aunque no aparezca en pantalla más que Hartmann o que los padres de Nanna (cuyo retrato también es muy notable), y por ella se le perdonan a ‘Forbrydelsen’ los tropiezos que tiene.

En ¡Vaya Tele! | Cinco diferencias entre ‘Forbrydelsen’ y ‘The Killing’

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