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Triky

Son sólo diez, pero hay muchos más. ‘Barrio Sésamo’ es un referente generacional, un molde para el resto de programas infantiles que sólo pueden aspirar a copiarles. Por eso no podíamos dejar pasar la ocasión de la celebración de sus treinta años de vida en nuestro país para rendir un homenaje, rememorando esas escenas que siempre acaban recordándose en ese momento de nostalgia en el que suelen derivar las reuniones sociales según vamos cumpliendo años: “¿te acuerdas de…?”. Después de haber repasado las aventuras de los marcianos exploradores, las lecciones de matemáticas del Conde Draco y tarareado de nuevo la celebérrima melodía del pinball, aún nos quedan muchos momentos míticos que recrear.

Pepita Pulgarcita

“Espita, gorgorita, lo que se da no se quita,
conviérteme en… ¡Pepita Pulgarcita!”

Gracias a este hechizo, Pepa Pérez se convertía en su alter ego, Pepita Pulgarcita, una diminuta heroína voladora que no le tenía miedo a nada y que no dudaba a la hora de ponerse el traje de faena. En sus aventuras, que apenas duraban un par de minutos, resolvía situaciones que requerían de alguien de su tamaño y su valor. Así nos enseñaban que hasta el ser más insignificante puede hacer frente a cualquier problema, pero siempre con la ayuda de los amigos: a Pepita Pulgaricta le acompañaba siempre su mascota, el cuervo Viriato. De paso, aprendíamos algunos conceptos científicos básicos.

La llama que va al dentista

La llama no se llama llama, se llama Mari Chari. Es muy lista y muy limpia, pues todos los años acude a la clínica dental del padre de Margarita para su puntual limpieza bucal, su regalo de cumpleaños. “Yo y mi llama” es una de las canciones más recordadas de ‘Barrio Sésamo’. Era uno de esos vídeos que intercalaban entre sketches y que nos mostraban a niños en diferentes situaciones de lo más cotidianas: alimentando a animales en una granja, aprendiendo a nadar o, recolectando naranjas o por qué no, llevando a su llama al dentista.

Margarita y su llama nos enseñaban la importancia de revisar nuestros dientes al menos una vez al año; supongo que trataban de que le perdiéramos el miedo presentándonos esta situación tan circense. Como si fuera perfectamente factible que nos encontráramos a Mari Chari en la sala de espera.

¡Galletas!

Si todos los monstruos eran como éste, normal que nunca me diera por mirar dentro del armario. Triky, el monstruo de las galletas, no devoraba niños, sino cualquier cosa que se le pusiera por delante. Aunque dejaba bien claro cuál era su comida favorita. No es casual que este Muppet las adorara. En su origen, tres versiones de Triky fueron creadas por Henson para anuncios publicitarios de aperitivos. Después de su incursión en el mundo de la publicidad, Triky pasó a ser un habitual del show.

Después de tantos años haciéndonos ver lo deliciosas que son las galletas, en 2006 Triky experimentó un cambio de personalidad. En un empeño de transmitir unos hábitos de alimentación saludables a los niños, en las últimas entregas de ‘Sesame Street’ cambió su mensaje por “las galletas, un alimento ocasional”. En una entrevista en The Colbert Report llegó a asegurar que su fiebre por las galletas fue producto de “los años locos que vivió en los 70 y los 80”. Eso explica que lo viéramos después en ‘Family Guy’ intentando rehabilitarse de su adicción en una escena bastante bestia.

El eterno cliente insatisfecho

Simon Soundman (El Hombre Sonido) interpretaba al cliente, un personaje recurrente que aparecía junto a Coco. Esta vez, nuestro amigo Coco hacía de camarero, para desesperación de este señor. A pesar del pésimo servicio (Coco confundía los platos, o se equivocaba en el orden, o le traía un número 9, literalmente, en lugar del plato especial de la casa), el cliente que nunca quedaba satisfecho no aprendía la lección y siempre volvía al restaurante de Carlos para acabar protagonizando una de esas surrealistas escenas, muy al estilo de las películas de los Hermanos Marx. A Simon se le conocía también por su habilidad para imitar cualquier sonido.

Lo cierto es que a Coco se le daba mucho mejor enseñarnos la diferencia entre lejos y cerca o ayudar a todo aquel que necesitara la intervención de Super Coco (“ni un pájaro, ni un avión”) que servir mesas, aunque pusiera todo su empeño.

Las canciones

La banda sonora de nuestra infancia incluye necesariamente las canciones que aprendimos con Espinete y compañía, desde aquella mítica que nos explicaba que “si mezclas colores, azul y amarillo, sale color verde” hasta la canción de los trogloditas que comían “mamut con mucha salsita”. Y es que ¿qué sería de un programa infantil sin canciones? Probablemente no haya otra forma más efectiva de aprender. El mensaje siempre era positivo: vamos a pasarlo bien, hay que sonreír, todos queremos jugar con Ana…

Ver a Espinete con las púas de punta haciendo de (supuestamente) punky mientras baila un twist y dice “mola cantidad” es algo que se aprecia mucho más ahora, con esa perspectiva que da el paso del tiempo. Resulta que Espinete era un transgresor. Aunque para documento de valor incalculable, el rap de las momias haciendo el baile del robot con la intervención del mismísimo Michael Jackson. No me digáis que no es lo mejor que habéis visto en mucho tiempo. Atención a los bailoteos de Julián ¡Freestyle!

Estos son sólo alguno de los momentos más míticos, pero seguro que vosotros atesoráis muchos más recuerdos: Juan Olvido y su Jaca Paca, el Tío Pepe y la Tía Pepa, los monstruos siameses, el “maná-maná”… Os animamos a compartirlos con nosostros en los comentarios. ¡Larga vida a ‘Barrio Sésamo’!

En ¡Vaya Tele! | Diez momentos inolvidables de ‘Barrio Sésamo’ (I)

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