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nabucodonosorcitos

Esta semana vamos a tener ración doble de nostalgia. Y es que ‘Barrio Sésamo’ está celebrando en 2013 la friolera de 30 años desde su primera emisión en nuestro país, allá por abril de 1983. Decir que el programa marcó a toda una generación es ya más que un cliché. Pero es cierto. Muchos no sólo crecimos con él (gracias a las numerosas reposiciones) sino que lo recordamos como aquel primer programa que nos enganchó y nos descubrió ese invento llamado televisión, que, incluso en modo rústico (con sólo dos canales) resultaba tan fascinante y adictivo.

Por eso, aunque el barrio más famoso de la tele ya ha dado para más de un post en ¡Vaya Tele!, nunca está de más volver a recordar algunos de sus personajes más emblemáticos y sus sketches más míticos, esos que quedaron grabados a fuego en nuestra ideario infantil y que forman parte de la cosmogonía de ‘Barrio Sésamo’. Después del salto, viajamos a 1983 ¡Dentro flashbacks!

El pinball de los números

En ‘Barrio Sésamo’ no aprendimos a contar hasta 10, sino hasta 12. Desde entonces jamás olvidaríamos cómo llevar la cuenta gracias a aquel viaje visual de estética funky por el interior de un pinball. Había distintas versiones, según el número (aunque no recuerdo que los emitieran todos, la verdad, tal vez fuera siempre un loop de dos o tres) y afianzábamos lo aprendido contando: cuatro árboles, séis gallinas, siete canicas. El recorrido de la bola siempre era un derroche de ingenio y creatividad animada. Una forma muy estimulante de aprender (y de flipar con tantas luces y colores). Después de ver esto, la versión actual del pinball (que ni siquiera es ya un pinball) de animación con plastilina, por muy currada que esté, desilusiona. Cosas de la nostalgia.

Los Nabucodonosorcitos

Con este curioso nombre bautizaron en España a los Twiddlebugs del original, los bichitos que vivían en las macetas de la ventana de Epi y Blas. La familia nabucodonosorcita, formada por cuatro miembros insectos de voces chillonas, eran especialistas en tomar decisiones absurdas y desde luego, no eran nada resolutivos. Sin embargo, se les daba muy bien el DIY (Do It Yourself), y, como ‘Los Diminutos’, basaban su forma de vida en el reciclaje: un cartón de leche hacía las veces de casa y se movían por las macetas ante la atenta mirada de Epi con su coche-caja de cerillas. No estaban sólos: formaban una comunidad junto a otras familias en otras macetas, aunque nosotros sólo conocimos a estos.

Casi podría decirse que había un trasfondo ecológico en el mensaje de los nabucodonosorcitos: vivían en plena naturaleza y practicaban el desarrollo sostenible. Pero sobre todo nos enseñaron a dominar el proceso de la deducción con sus disparatados planteamientos: si llueve te mojas, aunque vayas a la pata coja, nadando o dando saltos. Despojados de su cuerpecillo de fieltro de mini-muppets y convertidos en personajes animados en su remake, los nabucodonosorcitos han perdido su esencia: ya no viven en un mundo “creado” por ellos, sino por la informática.

Aprendiendo a contar con Conde Draco

Al Conde Draco le entusiasmaba contarlo todo: murciélagos, relámpagos, notas musicales… Hasta las proposiciones de matrimonio que su amada, la Condesa Natacha, rechazaba. (por algo se llamaba Count Von Count) Este muppet vivía en un viejo castillo de Transilvania y se dice que sufría de aritmomanía: un desórden mental compulsivo basado en la necesidad impulsiva de contar, algo que, popularmente, se atribuye a los vampiros. Pero en este caso, su manía servía para convertirlo en el mejor profesor de matemáticas que tendríamos en nuestras vidas (aunque eso aún no lo sabíamos). Su número favorito era el 34.969, un enigma que planteó Jerry Nelson, el tirititero que daba vida a Draco en Sesame Street en una entrevista en BBC, para deleite de los expertos matemáticos que trataron de descubrir el por qué de esta cifra y no otra.

Para ser un vampiro, Draco era bastante humano: no le afectaba la luz del sol ni chupaba sangre (hubiera sido excesivamente traumático para un programa infantil). Además de la capa y los colmillos, lo único que compartía con los vampiros, tal y como los conocemos, era la imposibilidad de reflejarse en los espejos. Para darle un toque más tétrico, sus historias siempre acababan con el Conde riendo desenfrenadamente entre rayos y truenos.

Los marcianos exploradores

“Libro-libro, libro-libro”, “no-no-no-no”, “sí-sí-sí-sí” eran las frases más repetidas por estos marcianos (en el original “yip-yip-yip-yip”) que llegaron a nuestro planeta desde Marte para explorarlo. Entraban en las casas de Barrio Sésamo y alucinaban con la tecnología que descubrían. Tenían una extraña fisonomía que recordaba más a un calamar que a un alienígena. Viajaban con un libro de referencia, algó así como un manual que les ayudaba a identificar y entender los inventos humanos, aunque tendían a confundirlos con otros objetos (hasta con personas o animales) y solían asustarse cuando, por ejemplo, un teléfono o una radio comenzaban a sonar.

Los reportajes de Gustavo

¿Cómo olvidar al reportero más dicharachero de Barrio Sésamo? Ataviado con su gabardina y su sombrero, Gustavo tenía el look de periodista clásico. Y lo cierto es que tenía talento. Siempre al tanto de la actualidad del barrio, era experto en descubrir historias y personajes curiosos. De su mano conocimos a Don Música, el pianista que no conseguía nunca acabar sus composiciones, o al Profesor Lumbreras, que creía haber inventado algo nuevo que en realidad ya existía, como el piano, al que él bautizó como la “mesa chim-pón” o los “artefactos calentadores de pies”, también conocidos como calcetines. El profesor siempre terminaba sintiéndose frustrado pero a pesar de su desesperación, nunca dejaba de intentarlo, como Don Música. He ahí el mensaje.

Gustavo no sólo nos traía noticias; también nos enseñaba a usar un teléfono, a dibujar o a identificar las emociones, además de cantar canciones. La rana Gustavo es, quizás, uno de los personajes más emblemáticos de la serie de Jim Henson, amén de sus apariciones en la extensa filmografía de los Muppets y en sus especiales de navidad para televisión. Cuenta incluso con su propia estrella en el paseo de la fama de Hollywood Boulevard.

Y así acabamos (de momento) este recopilatorio de los momentos y personajes que más recordamos de esta serie que nos marcó para siempre y que planteó unos referentes en los contenidos televisivos infantiles, en aquella época en que la tele se esforzaba por entretener y formar al mismo tiempo. Mañana seguiremos repasando recuerdos y dando alas a nuestra nostalgia.

En ¡Vaya Tele! | ‘Barrio Sésamo’, Nostalgia TV

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