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‘Isabel’ es esa ficción sobre la historia de los Reyes Católicos y la Castilla de la época que llegó hasta nosotros después de muchas vicisitudes. Si algo hemos aprendido a nivel histórico en los trece capítulos que ha tenido la serie, es la complejidad de las relaciones políticas y el encaje de bolillos que los partidarios de Isabel hubieron de realizar para conseguir que ésta se aupara con la corona. De la misma forma, la historia de la ficción estuvo llena de traspieses desde su mismo nacimiento, y la concatenación de hechos que la trajeron hasta los espectadores, un laberinto en el que, afortunadamente, brilló la luz de la razón.

Estrenada casi un año después de su primera previsión, con un desmantelamiento de decorados ante un parón que parecía nunca se desbloquearía… sólo su calidad y el consecuente respaldo de la audiencia le han permitido levantar la cabeza y conseguir una segunda temporada. En esta review de final de temporada de ‘Isabel‘, trataremos de analizar ciertas claves de una serie que ha triunfado a pesar de los pesares y de la que, en mi opinión, los espectadores debemos estar muy orgullosos.

La historia de un país, el desarrollo de una serie


Lo primero que resulta imprescindible destacar a la hora de hablar de ‘Isabel’ es la conversión de unos hechos históricos en materia de ficción. Para el equipo de guion ha sido un tremendo esfuerzo que ha sabido conducir de manera satisfactoria. Escoger de entre una larga sucesión de acontecimientos reales, ajustar cómo y cuándo se van a contar, saber rodearlos de una contextualización que ayude al espectador a entender qué está pasando y qué circunstancias llevaban a cada decisión, conseguir momentos más humanos, lograr tramas emotivas y no puramente expositivas, saber desarrollar las secuencias con un nivel de producción limitado, conseguir que los diálogos tengan la fuerza suficiente para compensar ciertos momentos en los que la acción no puede estar presente… Todo eso es un gran reto que creo se ha logrado con una nota alta.

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‘Isabel’ no sólo nos hablado de las luchas de poder que marcaban la política castellana, unos hechos ya de por sí interesantísimos y que han sido tratados de manera clara para que cualquier espectador pueda seguirlos pero también con los giros, las sorpresas y las cabriolas con los que un guion de ficción debe contar, sino que ha sabido deleitarnos con un gran muestreo de temas que han aportado gran realismo a la trama y una amplia variedad de puntos de vista: el anhelo de la nobleza por medrar en los asuntos de Estado, el omnipotente poder de una Iglesia que decide el futuro de las naciones apostando por uno u otro heredero, la represión sobre el pueblo judío, las costumbres palaciegas… Esta historia ha sabido abordar muchísimos temas con solvencia, de una manera con la que el espectador ha sentido que también aprendía, se documentaba, y no sólo pasaba un estupendo rato.

En este sentido, cabe destacar también la apuesta de TVE por un visionado de la serie vinculado a Internet, con propuestas desde su web para explicar ciertos detalles y curiosidades históricas que ayudaban a entender la historia y a hacer mucho más entretenida su recepción.


Los guiones de Diagonal, un valor seguro

A la hora de abordar una ficción tan ambiciosa, pero también tan necesaria, como la vida de Isabel de Castilla, no puedo imaginar una productora que fuera capaz de ejecutarla con la capacidad que Diagonal TV tiene a la hora de poner en marcha sus proyectos. No podemos olvidar las restricciones que cualquier serie española tiene a nivel de producción. La productora catalana sabe hacer de la necesidad virtud y conseguir muy buenos resultados. Los escenarios de la serie, correctos, sin grandes alharacas arquitectónicas, han sido, en muchas ocasiones, mostrados tímidamente para descargar después todo el peso de la secuencia en los personajes y sus réplicas. Si tu nivel de “deslumbramiento” no puede ir más allá de ciertos límites de producción, tendrás que poner toda la carne en el asador en otros aspectos. Los diálogos y conversaciones que han protagonizado muchos personajes, mientras tramaban, conspiraban o se declaraban lealtades han estado siempre a gran altura, consiguiendo que entendiéramos perfectamente qué estaba sucediendo y las consecuencias históricas que podrían haber tenido en caso de un diferente desarrollo. Han sido vibrantes y emotivos.

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Para acompañar a tanta oficialidad, la serie no puede olvidar que es una ficción, en la que el público quiere ver relaciones humanas. Las tramas nos han traído también aventuras amorosas, implicaciones emotivas que dan humanidad y generan empatía en el espectador. Presentar a Isabel como una persona que mantiene la cabeza fría en asuntos de Estado pero que pierde la claridad cuando los celos se interponen en su relación de pareja es, por ejemplo, una manera de ofrecer un plus a unos espectadores que quieren ver conflictos no sólo a gran nivel sino también mundanos y universales.

Personajes históricos, personajes de ficción

Para lograr todo lo que hemos comentado más arriba, es indiscutible la necesidad de contar con personajes fuertes y potentes. Conseguir que personajes históricos sobre los que tenemos una idea preconcebida, rompan el estereotipo y se conviertan en seres humanos también es otra complicada tarea.

Para mí, el gran personaje de la temporada, al margen, por supuesto, de Isabel, ha sido el rey Enrique IV. Creo que es una figura que no se conocía demasiado entre el gran público y el desarrollo de su personalidad y sus acciones ha sido fundamental. La serie comienza y termina con su muerte y representa una cara del poder muy triste y oscura. Enrique IV no es un hombre malvado, no es más ambicioso que cualquier otro ser humano y sufre la responsabilidad de llevar la corona como una amarga carga que le impide acercarse de verdad al corazón de nadie. Un hombre débil, al que los nobles tratan de manipular a su antojo, obligado a casarse, a tener descendencia, con una vida sexual opaca (la serie no especula tampoco en demasía) condenado a no poder confiar en nadie que le muestra su afecto pues éste, seguramente, va a ser interesado. La interpretación de Pablo Derqui ha sido fundamental para conseguir a este niño grande, a este egoísta, caprichoso, miedoso y tan necesitado de afecto Enrique IV.

Uno de los méritos de ‘Isabel’ es haber logrado un protagonismo coral con el que se entienden perfectamente ciertos pasos de la historia. Los personajes que deambulan junto a los protagonistas y la influencia de muchos secundarios sobre ellos da realismo, interés y nos ha ofrecido a grandes secundarios inolvidables. Imposible no mencionar al fantástico Marqués de Villena, un “malo” de tomo y lomo, interpretado magistralmente por Ginés García Millán. Sus intrigas, sus movimientos, sus pasos adelantes y atrás nos enseñan que la historia puede ser la mejor trama que nadie pueda ficcionar. A la zaga le iba su tío en la ficción, Monseñor Carrillo. Uno de los apoyos más fuertes de Isabel pero también un hombre soberbio y altanero, que esperaba poder reinar en la sombra.

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Chacón es otro de los fundamentales. Ramón Madaula ha dado vida al mentor de Isabel y al hombre que la convirtió en una mujer fuerte e independiente. La importancia del bien de Castilla, por encima del nombre que ostente el reinado es una de las enseñanzas de cara a la joven princesa. La reina Juana ha sido otro de los personajes más interesantes. Una mujer que es reina de Castilla parece tenerlo todo en su mano para ser feliz pero la relación con su marido es precisamente su condena. Madre de una heredera a la que se utiliza abiertamente, repudiada por su rey cuando queda embarazada de otro hombre, Bárbara Lennie ha sabido humanizar a un personaje que podría haber sido la “mala” sin remisión.

No me gustaría olvidarme de nadie, porque la serie está llena de grandes secundarios, pero me temo que será imposible: Alfonso, el infante muerto; Mendoza, el noble que cuida de la Beltraneja; Juan, el rey de Aragón; Gonzalo, el enamorado platónico de la princesa; Gutierre de Cárdenas o Beatriz de Bobadilla… Sólo volver a incidir en la idea de que la construcción y desarrollo de todos estos personajes ha sido fundamental para tener una historia sólida, con matices, claroscuros… y que el cásting de la serie me ha parecido un acierto.

Por último, Isabel y Fernando. He de confesar que yo era de esas personas que dudaba de la elección de los actores protagonistas. Después de ver la primera temporada, considero que han sido acertadas. Michelle Jenner ha conseguido una Isabel la Católica dulce, tierna y muy consciente de su papel en la historia. Me ha gustado mucho ver la evolución de un personaje más aniñado al principio y más maduro, firme y consistente al final, y con una serie de problemas personales que se escapan de su mandato político. Fernando es un galán, un tanto vividor y aventurero pero muy implicado con el futuro de Isabel. Me ha parecido que han sabido construir perfectamente una historia marital que nace de un interés polícito, desde luego, pero en el que hemos visto mucha química y que ha mutado en la historia de amor que, a través de ligeros pero firmes pasos, se hace necesaria para tener el beneplácito de la audiencia.

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Javier Olivares y su marcha, el futuro es una incógnita

A la espera de la segunda temporada de ‘Isabel’ de la que, personalmente, tengo muchas ganas, hemos de analizar un hecho que, sin duda, va a marcar el desarrollo de la misma. Javier Olivares es uno de los grandes artífices de la serie y su nombre debería ser más que conocido por los seguidores de ‘Isabel’.

Cuando Olivares llegó al proyecto, la gran idea de hacer una serie sobre los Reyes Católicos se encontraba parada, bloqueada. Quería hacerse pero no se sabía bien cómo podía llevarse a cabo. Ya hemos hablado de la complejidad que supone contar hechos históricos por los cauces ilusorios de la ficción. Olivares consiguió dotarle de argumento, de una dirección clara, seleccionar los hechos más importantes y darles la pátina de ficción necesaria. Coger los nombres históricos y convertirles en personajes con matices, con luces y sombras. Conseguir que la historia se convirtiera en esos hechos trepidantes que tanto se intuían pero que ofrecían resistencia a ser domados.

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Pero ni Olivares ni su equipo estarán en la segunda temporada. Oficialmente, él ha hablado de ciertas discrepancias con la productora, nunca de mala relación. Por lo visto, el deseo de Olivares de seguir siendo productor ejecutivo de ‘Isabel’ es un factor que ha estado detrás de esta decisión. Ahora Diagonal tiene, de nuevo, el reto de encarar un fragmento de la historia de España y con unos hechos que resultan tan complejos como golosos: Torquemada, la toma de Granada, Cristóbal Colón… Ojalá la segunda temporada mantenga el nivelazo de la primera.

En ¡Vaya Tele! | ‘Isabel’ convence a RTVE y tendrá segunda temporada

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