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Curiosa la andadura de ‘Gran Hotel’. La ficción de Bambú Producciones fue uno de los grandes estrenos del 2011, ganándose la aceptación de crítica y público casi desde el primer momento. No lo tenía del todo fácil, muchas voces se aupaban para pregonar que en nuestra parrilla había sobreexposición del género de época y que una nueva serie de enaguas y candelabros no tenía hueco. Pero el desarrollo de la historia de tramas elegantes unidas a momentos de misterio, consiguieron dar la vuelta a esa tortilla.

En esta segunda temporada, que concluyó ayer, la serie producida por Ramón Campos y Teresa Fernández Valdés ha tenido que lidiar con un rival duro de pelear, su oponente en Telecinco ‘La Voz’. Los espectadores no le han acompañado tanto como hubiera querido y eso ha levantado multitud de comentarios respecto a si Antena 3 ha precipitado su final, siguiendo una estrategia que ya estableció con la anterior temporada de ‘El Barco’ o si bien, ha cerrado una temporada de ocho capítulos considerando que esta cifra es más que suficiente para cubrir un ciclo (recordemos que la primera temporada contó con nueve pases).

Sea como fuere, la temporada ha finalizado y es tiempo de analizar qué ha traído a nuestros paladares de espectadores.


Tramas de misterio

Uno de los elementos que me gustan mucho de esta serie es la mezcla de géneros. Cuando se habla de una serie de época parece que automáticamente pensamos en tramas familiares y amorosas y que con ello deberíamos tener bastante. El amor entre personas de diferentes clases, la oposición al dictado paterno, alguna trama empresarial… suelen ser ingredientes suficientes para elaborar temporadas enteras y acercar, de paso, la historia al folletín o a una telenovela con estética de siglo pasado. En ‘Gran Hotel’ siempre han buscado un plus que se centra en una historia de misterio y/o thriller con un asesinato por medio. Lo novedoso de ver en nuestra ficción nacional a una pareja de “detectives” tan poco convencional como son una señorita de buena familia y un muchacho que se ha hecho a sí mismo en la calle no puede ser pasado por alto.

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Sin embargo, esto mismo podría correr el riesgo de volverse en contra de la serie. Los espectadores estamos muy resabiados en cuanto a tramas de misterio se trata y sorprender con los giros y mecanismos no es tarea fácil. He de reconocer que cuando comenzó la temporada y Alicia y Julio se lanzaron a buscar al culpable de intento de asesinato de Andrés, tuve el temor de que la serie se convirtiera en un seguido de crímenes y resolución de los mismos sin mucha cohesión entre ellos (esta serie no es un procedimental).

Al poco, pero, llegamos al meollo del asunto. El verdadero protagonismo de la temporada ha venido por descubrir las circunstancias que rodearon la muerte de don Carlos Alarcón, el patriarca familiar. Con cada capítulo se han ido descubriendo nuevas pistas, conociendo nuevos personajes, y el último capítulo nos ha desvelado una habitación secreta (muy del género también) que augura bastantes sorpresas. Todo ello, ha convertido al personaje del difunto en alguien muy interesante, del que seguramente pronto sabremos nuevas cosas.

Aún así, puede que en algunos momentos se eche un poco de menos que la trama principal no esté más enfocada a una línea de tiempo presente y futura. Hay cierta tendencia a volver constantemente a los secretos del pasado y tal vez esto pueda provocar cierta falta de dinamismo y que las tramas secundarias (las de los bebés de Belén, por ejemplo) le puedan pasar por delante, ganándole en audacia. Los profesores de guion suelen explicar que las historias han de mirar adelante, no alimentarse de hechos pasados porque, por muy interesantes que resulten son, eso, cosas que ya no están.

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Con todo esto, comentar que el último capítulo de la temporada me pareció bueno, muy intenso y con el descubrimiento de, por fin, algunos de los secretos que se han ido arrastrando durante la serie. Dos hombres engañados: Andrés y Alfredo, se dan de bruces con la realidad y su talante en apariencia cándido ha de reaccionar ante ello. Además, para desvelar el secreto de la “habitación misteriosa”, los guionistas usaron un recurso narrativo que personalmente me gustó mucho: la boda de Alicia y Diego convertida en una película de cine mudo, resultó diferente e imaginativo. El capítulo dejó lanzadas muchísimas cosas para dejarnos con las ganas de que la tercera temporada llegue pronto.

Secundarios de lujo

He de reconocer que los secundarios de ‘Gran Hotel’ me resultan mucho más entretenidos que los protagonistas. Alicia y Julio, en muchos momentos me han dado la sensación de encontrarse un tanto estancados. Su historia de amor estuvo clara desde el minuto uno y algunas veces me ha faltado evolución en ese aspecto. En ese sentido, en la segunda temporada y, para contradecir lo que digo, las historias de celos han cobrado mucha importancia. De la mano de la doncella Isabel y después, del mucho más peligroso Diego Murquía. Además, tenemos el final de temporada con la culminación amorosa que, juguemos a adivinar, puede que nos traiga un vástago bastardo (en la ficción, los hijos lo son del amor y no del matrimonio, sobre todo si éste no fue deseado).

Los secundarios, para ser exactos, las secundarias, de ‘Gran Hotel’ me parecen impresionantes. Belén, esa chica que creía que iba a comerse el mundo y ha tenido que ver sacrificados a sus hijos, casada con un hombre al que siempre ninguneó y mostrándose sumisa a sus señores por miedo a las represalias. Ángela, una mujer dura y austera, entregada a su trabajo, que cree que mostrar amor es mostrar debilidad, trabajando para la misma familia que ha convertido su vida en un calvario y sirviéndoles de manera intachable. Doña Teresa, la matriarca que trata de mantener el orden y la disciplina, la que acude a las trampas más sucias entendiendo que es su deber de madre, dando órdenes y dirigiendo destinos no a su antojo, sino considerando que es la forma de preservar lo que tiene. Por no hablar de las apariciones de Kiti Manver, en duelos irónicos de gran altura con Doña Teresa o de Sofía, la mujer que vendió su alma al diablo por miedo al rechazo de su marido.

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Para mí, desde luego, la pareja más especial es la que forman Belén y Andrés. Creo, además, que han ganado peso en esta temporada y que su trama ha sido una de las más jugosas. Ella no le quiere, lo aceptó como se tolera un segundo plato soso y cocinado el día anterior, y en el final de temporada, que saldó esta trama en su parte inicial, dejando para la segunda parte la considerada trama principal, vimos a una Belén desahuciada, acercándose a un acantalido… Espero de todo corazón que esto no quiera decir que Belén ha dicho su última palabra.

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Andrés, recordemos, es el verdadero heredero de los Alarcón, un buen chico que no tiene ni idea de sus orígenes. Juntos nos han dejado algunos de los mejores momentos de la temporada, como el parto doble o la muerte de Juanito. Estos instantes, de un género más naturalista, me han parecido muy valientes. No es fácil tratar la venta y la muerte de un bebé en televisión, resulta duro y puede causar rechazo y, en ese sentido, le doy un punto muy positivo a ‘Gran Hotel’.

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