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El barco

El movimiento se demuestra andando. Por eso, una vez que la tercera temporada de ‘El barco’ ya ha avanzado, adentrándonos en esos capítulos que desde un principio estaban concebidos realmente como parte de esa tercera temporada, es un buen momento para que nos paremos a analizar si esos capítulos ofrecen lo que una vez nos prometieron. Y es que, antes del regreso de la ficción, había voces que llegaban desde la serie asegurando que la actual temporada tenía elementos que harían que perdonáramos los errores del pasado.

Y los errores eran muchos. En sus dos primeras temporadas, ‘El barco‘ había navegado en aguas que recordaban a series tan distantes como ‘El internado’ y ‘Los Serrano’, todo ofrecido a través de esas tramas catastróficas donde todo volvía a la calma al final de cada episodio. Demasiados chascarrillos para una serie que le costaba definirse o que, intencionadamente, quería ofrecer tantas cosas a la vez que le resultaba imposible que el espectador no se quedara con motivos para la queja.

Quizá por eso, y sobre todo por la pérdida progresiva de audiencia que la serie ha experimentado a lo largo de sus dos primeras temporadas, en cierta manera se pidió a los espectadores de ‘El barco’ que no la abandonaran, anunciándonos que lo que estaba por venir no iba a dejar a nadie indiferente. Así, con la esperada llegada a tierra como principal reclamo, ‘El barco’ se ha adentrado en su temporada más difícil, aquella en la que tiene que consolidarse o ir pensando en su despedida, quizá más temprana de lo que muchos pensaron en un principio.

¿Es cierto que ‘El barco’ ha cambiado? Para contestar a esta pregunta deberíamos detenernos en muchos puntos. En primer lugar, hay que afirmar que una ficción no cambia de la noche a la mañana. A pesar de haber intención, lo que ya se ha ofrecido en el pasado es una losa que, para bien o para mal, es difícil cambiar, por lo que en esta temporada aún se suceden las tramas que menos han gustado de la serie. Se trata precisamente de aquellas que se centran en las relaciones de sus protagonistas, motivadas por el deseo sexual/amoroso y en ocasiones adornadas con esos toques absurdos y cómicos que rompen con momentos de tensión y que vuelven las escenas menos creíbles de cara al espectador.

Personajes a punto de morir o ante un evento de riesgo con la mente puesta en trivialidades, aunque se trate del mismo capitán del barco, al que hay ocasiones que le vemos demasiado despreocupado con las tramas serranas que protagonizan él y De la Cuadra. Esta característica se sigue dando hoy en día en ‘El barco’ y, aunque nos pese, debemos aceptar que forma parte ya de la esencia de la serie, algo que está tan marcado que es muy difícil que se vaya a modificar de un día para otro.

Una ligera evolución

El barco 2

Ahora bien, para ser justos, también hay que decir que estas tramas están siendo menos recurrentes en la actualidad, ya que comienzan a tener menos peso que la acción o los misterios por los que la ficción se ha decantado con rotundidad en esta nueva etapa. En la tercera temporada de ‘El barco’ los misterios se suceden, tanto que el propio buque se ha convertido en una caja de sorpresas que esconde cualquier cosa que nos podamos imaginar. Pero al margen de esto (ya hemos aprendido que el Estrella Polar cuenta con la habilidad mágica de albergar toda clase de alimentos o instrumentos), los misterios sí que han mejorado con respecto al pasado, gracias principalmente a la importancia que se le está dando al pasado de los personajes.

Los flashbacks son más recurrentes en la actualidad de lo que fueron en el pasado, uno de los aciertos que está teniendo la actual temporada de ‘El barco’. Gracias a estas tramas, el espectador puede poner el foco de atención en otros aspectos, se construyen mejor a los personajes y hace que entendamos el papel que juegan en la historia principal. Como ejemplos destacan Gamboa o Burbuja, dos personajes que crecen cada vez que conocemos un poco más de lo que hacían antes de embarcar en el Estrella Polar.

Otro de los aciertos se encuentra en la incorporación de personajes nuevos, como Ventura (Héctor Alterio) o Max (Jan Cornet), que han aparecido en la serie con los deberes hechos y desde el principio han dado juego sin resultar histriónicos. Y, pese a que hasta la fecha hemos visto poco, parece que la llegada a tierra también ha favorecido a la serie, aunque aún nos queda por ver cómo aprovechan los guionistas este giro de los acontecimientos, a priori lleno de posibilidades, que también puede resultar un arma de doble filo.

Hay cosas que continúan extrañando, como el hecho de la aparición interminable de provisiones y materiales que comentaba anteriormente (que provoca que nunca nos lleguemos a tomar en serio a la ficción), algunas decisiones incomprensibles, las nulas consecuencias que sigue teniendo, por ejemplo, la llegada de un tsunami para la estructura de un buque o la facilidad que tienen algunos personajes como Vilma para desaparecer durante varios capítulos sin que se ofrezca una explicación convincente al respecto. Pero, en cierta medida, es cierto que ‘El barco’ está experimentando una evolución en los capítulos que actualmente emite Antena 3. Ahora lo que queda por demostrar es si este cambio sirve de algo o si el destino de ‘El barco’ ya está fijado y no se le puede poner remedio, le pongan el empeño que le pongan.

En ¡Vaya tele! | La tercera temporada de ‘El barco’, un acto de fe

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