'The Finder', el procedimental que no quiere ni puede

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The Finder

En toda parrilla de cadena americana siempre hay un número mayor que uno de procedimentales. Este tipo de series suelen atraer a la audiencia de una u otra manera, por lo que funcionan bastante bien aunque no sean éxitos absolutos. La FOX estaba algo escasa de esta clase de ficción y por eso, esta temporada, decidió estrenar dos bien diferentes: ‘Alcatraz‘ y ‘The Finder‘.

Pese a ser procedimentales, las dos series son totalmente diferentes entre sí, empezando por la manera de estrenarse. Si con ‘Alcatraz‘, de la que ya os hemos hablado, la cadena tiró la casa por la ventana con la idea de estar JJ Abrams y el gran misterio que rodea la serie, con ‘The Finder‘ decidieron introducirnos la serie como un piloto backdoor dentro de ‘Bones’, presentándonos la ficción en un episodio con los personajes del Jeffersonian para luego estrenarla como si fuera un spin-off. ¿Les funcionó la estrategia? Pues no mucho.

Una premisa extraña

En los argumentos de series actuales hemos visto, prácticamente, de todo, desde personajes con superpoderes hasta islas que se mueven. Por esta razón, es raro que una idea nos resulte extraña o fuera de lugar; sin embargo, el argumento de ‘The Finder’ chirría mucho. La serie cuenta la historia de Walter Sherman, un militar que después de sufrir un ataque en Oriente Medio, se retira a un bar perdido de la mano de Dios desde donde se dedica a encontrar diferentes ítems de gente que se lo pide.

Walter se “ayuda” de un supuesto daño en el cerebro para tener una visión descontextualizada de la realidad que le hace ver todo mucho más claro y apreciar los detalles con gran perspicacia. Con ayuda de su abogado, Leo Knox, se dedica a resolver los casos de “cosas” perdidas (van desde anillos hasta personas) a base de realizar extrañas averiguaciones y pensamientos ilógicos que no se comprenden como espectador. Y es que esto es quizás lo que más chirria de la premisa principal, de repente ves que la búsqueda está parada pero que, gracias a un sueño de Walter totalmente absurdo, lo resuelve sacándose un as bajo la manga que hace encajar todo como piezas de un rompecabezas.

The Finder

Este recurso de genialidad llevada al abstracto podría funcionar si Walter fuera un personaje como, por ejemplo, Sherlock Holmes, donde el propio personaje respira genialidad e inteligencia por todos los costados. Pero en ‘The Finder’ no es así. Walter es un personaje muy plano, despistado y errático, no consigue congeniar con el espectador y hace que en la mayoría de ocasiones te encuentres más perdido que las cosas que él intenta encontrar.

Casos y personajes aburridos

Si eres un procedimental tienes que destacar en una de las dos cosas: en los personajes o en los casos. Si cogemos ejemplos actuales, ‘Castle’ tiene unos casos realmente interesantes y divertidos (aparte de unos protagonistas con mucha personalidad), ‘Bones’ tiene también grandes casos y una protagonista fuera de lo habitual y su coetánea ‘Alcatraz’ genera interés gracias a sus casos semanales.

The Finder’ no tiene ninguno de esos dos ingredientes. En la parte de los personajes, ya hemos dicho que Walter, el protagonista, es bastante plano, pero también lo es su “abogado” Leo Knox, que parece querer ser una especie de M.A. Barracus con aires culto. A estos dos le añadimos una policía con una relación de amor con Walter aporta poco o nada y una gitana está en custodia de Leo que lo único que hace es molestar en cada escena con una actuación bastante irregular.

En cuanto a los casos, de los episodios que llevamos emitidos puedo decir que no me ha interesado ninguno. Bueno, miento. El único que lo hizo fue el piloto backdoor, ya que estaban Brennan y Booth para animar las escenas una y otra vez, pero creo que no podemos considerar este episodio parte de ‘The Finder’, la afirmación es más que correcta.

En definitiva, decir que ‘The Finder’ es una serie prescindible, es acertar de pleno. Yo suelo ser mucho de procedimentales debido a su sencillez y a que se pueden ver en cualquier momento, pero lo cierto es que esta serie llega a aburrir tanto que no merece ni el título de “para ver en un momento libre”. Si podéis pasar de ella, no os perderéis nada.

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