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The Big C’ ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la temporada. He de admitir que no tenía esperanzas en ella desde que ví el título de la serie, que prejuiciando no me parecía realmente atractivo… pero decidí darle una oportunidad y el piloto cambió toda mi visión sobre esta comedia de Showtime. Como ya hemos comentado anteriormente, ‘The Big C’ es una comedia sobre el cáncer, protagonizada por Laura Linney como Cathy Jamison, quien padece un melanoma que le resta días de vida cada mañana que se levanta.

Cathy, tiene dos opciones: Vivir lo que le queda de vida sin preocuparse de todo o apenarse hora tras hora sabiendo que va a morir en el momento más inesperado. Ella prefiere tomar el primer camino, y el resultado es una primera temporada muy divertida e interesante que te cambia la forma de percibir una enfermedad terminal de semejante categoría. Escenas muy cómicas apoyan la visión de una Cathy que decide ser feliz sin tener miedo a la muerte y probar, por una vez, cómo es la vida sin ataduras, burocracias y complicaciones.

Los secundarios perfectos para Laura Linney


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El gran reclamo principal de la serie es una excelente interpretación de Laura Linney, pero a diferencia de otras series, la razón de peso para verla no se sitúa únicamente en el protagonista de la historia, sino en la relación y existencia de los secundarios de esta serie frente al personaje principal. No sólo lo complementan, sino que lo hacen más fuerte y le dan dinamismo a una alocada vida con una constante indeterminada fecha de caducidad.

De esta forma nos encontramos con personajes como Marlene, su vecina de toda la vida con la que jamás había entablado relación. Una entrañable cascarrabias del jurásico viviendo mentalmente en la etapa dorada de su vida. Sus amigos ya no están, su compañero de vida murió de cáncer. A Marlene sólo le queda un perro, ‘Casablanca’ en el televisor y una antigua casa que permanece intacta desde hace cinco décadas.

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Sin embargo, Marlene ha demostrado ser una persona muy importante para Cathy. Es realmente la única que la comprende y la apoya en el aspecto personal, más allá incluso de su relación con su apuesto oncólogo, el Doctor Todd, toda una promesa de futuro de marido y profesional. Marlene no quiere evolucionar, quiere vivir felizmente en su pasado bailando Polka y disfrutar eternamente de lo que fue el prime time de su vida.

Manteniendo el drama a través de la comedia


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‘The Big C’ es de entrada una serie grande por ser original con su argumento: Una comedia sobre el cáncer. Es algo que nos afecta potencialmente a todos por igual, puesto que cualquiera de nosotros puede padecer uno en el futuro, son miles las causas externas e internas que pueden determinarlo, mucho más allá de lo que popularmente se cree. En un supuesto de padecerlo… ¿qué actitud tomarías ante la vida si sabes que va a ser terminal? Probablemente sea una de las preguntas más duras a las que puede enfrentarse un ser humano.

Esta gran comedia de la vida basa también su originalidad en la imprevisibilidad de cada escena. Teniendo en cuenta de que nuestro principal es una simpática loca dispuesta a realizar cualquier cosa que se pase por la cabeza, nos encontramos con personajes que hacen su propia antítesis. En este punto destaca su familia más cercana: Su hijo Adam, un gamberro adolescente que no tiene respeto por nada y que desconoce la enfermedad de su madre; la sombra de lo que es su padre y marido de Cathy: Paul, un clon infantil de Adam con un poco más de mesura que un adolescente, pero que no tiene problema en jugar a la videoconsola con sus amigos y emborracharse cualquier noche entre semana en el salón de casa. Incluso acabar orinándose encima.

Ante semejante caos matrimonial y familiar convertido en rutina, Cathy Jamison ve su enfermedad como una vía o excusa para llevar una nueva vida paralela, con muchas menos responsabilidades que la aten a un matrimonio o a la imagen personal haciendo simplemente lo que le apetezca en cada momento y la haga feliz. La serie se caracteriza en buena parte por su locura, por su imprevisibilidad de situaciones, por el constante cuestionamiento del sentido de la responsabilidad y el carpe diem. Aunque nunca se pierde de vista ese tono dramático presente en el fondo pese a tanta comedia, y son unas cuantas las ocasiones en la que nuestro principal se torna consciente de la seriedad del asunto y hay pequeñas caídas de ánimo, pero pronto retoma el rumbo.

Podríamos hablar horas de los excelentes secundarios de la serie, aunque destacaré tres: Sean, el hermano perfecto para Cathy. Es un vagabundo que decide voluntariamente vivir en la calle como rechazo al sistema capitalista y la corrupta sociedad actual. Un verdadero 10 para la interpretación de John Benjamin Hickey. En segundo lugar, Rebecca, la mejor amiga de universidad de Cathy, una verdadera loca acostumbrada a vivir su vida completamente insertada en un mundo de lujo femenino que protagoniza más de una escena muy graciosa. Y por último, Andrea, interpretada estupendamente por Gaboury Sidibe, una alumna con una dura personalidad digna de un principal.

Las cinco mejores escenas de la primera temporada


En el siguiente video guardo una microselección de cinco escenas que me gustaron mucho de ‘The Big C’ y considero adjetivo suficiente para describir esta gran comedia:

Extraño e incierto pero emotivo final de temporada


‘The Big C’ ha navegado in crescendo desde su arranque. Ha brindado grandes momentos de entretenimiento y actualmente se echa de menos. 13 episodios han descrito una temporada corta, pero acertada para ser primeriza en su género. El problema llegó en el clímax de la serie, donde me dejó una sensación de haber construido un atropellado final de temporada que incluso a día de hoy me cuesta un poco digerir. En palabras básicas, podríamos calificarlo como un previsto y no convincente final, que no se define ni como abierto, ni como cerrado.

Se define o bien como un resumen o como un giro en el que tiene que ocurrir algo, ya que la serie está renovada por una segunda temporada que comenzará este verano. No sé que mejor final hubieran podido darle los guionistas, pero ver a una Cathy Jamison renunciando a su principio de vivir la vida sometiéndose a una terapia contra su melanoma, acompañado de la escena de regalos a su hijo Adam y ese fundido a blanco en el que la vemos nadando en una ficticia piscina de casa mientras observa a Marlene, fallecida por suicidio, bailar Polka en su jardín, puede tener muchas interpretaciones.

En cualquier caso, me pareció un bonito y emotivo final como cierre abierto a nuestra imaginación. ¿Está Cathy muerta? No lo creo, ya en secuencias anteriores a su tratamiento se menciona que sufriría fuertes alucinaciones, por lo que seguramente estaremos viendo esto y no una anticipada muerte, aunque puedan llegar a dar a entender esto. Y es por eso que me quedaré con su parte emotiva.

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Por cierto, mi último apunte va dirigido a Andrea. Todos pensábamos que Gaboury Sidibe sería el gran secundario cuando su personalidad se juntaba con la de Cathy, pero nos quedamos con las ganas de más locura, que se quedaron en el asalto al autobús del campamento de fútbol de verano. Los guionistas no han dado mayor cancha al personaje durante esta temporada, optando por apartarla de Cathy. ¿Lo harán en la segunda? Espero que sí.

En ¡Vaya Tele! | Todo sobre ‘The Big C’

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