
Wow. Creo que eso fue lo mismo que exclamé tras ver los títulos de crédito al final del último episodio de ‘Spartacus: Vengeance‘ (o de la segunda temporada, como prefiráis llamarlo, aunque así suena menos fashion decirlo). Un “wow” que empezó de menos a más en el capítulo, desde las primeras y tímidas escenas del principio hasta el apoteósico final. Y los que ya lo hayáis visto sabréis el motivo, pero llegaremos a eso más adelante en esta review.
Algo similar ha ocurrido con toda la segunda temporada. En mi opinión, el comienzo fue bastante irregular, pero conforme la trama fue avanzando también lo fue haciendo su intensidad. Esperable, si tenemos en cuenta dónde nos dejó la primera temporada, pero se habría agradecido que el ritmo fuera un poco más constante. Y ya aviso que de aquí en adelante hay spoilers por doquier, así que no os recomiendo seguir leyendo si aún no habéis visto la temporada completa.
He de confesar que con el primer episodio de ‘Spartacus: Vengeance’ me sentí bastante perdida. No sólo no recordaba demasiado respecto a la primera temporada, sino que el cambio en el actor protagonista me quedé algo desconcertada. La ausencia de Andy Whitfield se nota, y mucho sobre todo en los primeros compases, pero a favor de Liam McIntyre hemos de decir que se integra bastante bien y que pronto se hace con el personaje.
Pero el cambio de temporada también trae consigo un cambio en la dinámica: Spartacus y su séquito de esclavos deja atrás Capua y comienza su particular causa por la libertad. En realidad, al principio todo comienza a moverse por la venganza (de Spartacus hacia Glaber por matar a su mujer) y por la búsqueda del amor perdido (con Crixus loco por encontrar a Naevia), pero a medida que avanzamos todo esto deja paso a la verdadera causa: la libertad.
Lo que sí quizás eché un poco de menos es la interacción entre esclavos y romanos, que tanto juego dio en la primera temporada. Aquí Spartacus y su grupo iban más por su cuenta, por los bosques, mientras que los romanos, liderados por un grandísimo Glaber, estaban empeñados en capturarlos. Si la primera temporada sirvió como lucimiento personal del personaje Quintus Batiatus, en esta segunda hemos visto a un estupendo e intenso Glaber aún más obsesionado por dar caza a Spartacus.

La dinámica de toda la temporada fue más o menos la misma que comentaba justo ahora: Spartacus huyendo y dando esquinazo a Glaber, fastidiándolo todo lo posible; Ilythia embarazada presionando a Glaber para volver a Roma, Lucretia aparentemente loca entregada a los dioses después de sufrir la pérdida de su bebé y su marido a manos de Spartacus, Crixus reencontrándose con el amor… Pero todo cambia en los últimos capítulos.
Parece que va a llegar el final, sí o sí, del pequeño grupo de esclavos rebeldes. Glaber los acorrala en el Vesubio, esperando a que no les quede más remedio que descender en búsqueda desesperada de comida… ¿O no? Pues, como era de esperar, no. No contaban con el ingenio de Spartacus y sus chicos, que les sorprenden en sus puestos y consiguen romper el cerco.
Mientras tanto, en Capua, Ilythia parece decidida a matar a Lucretia por sugerencia de su marido, pero para su sorpresa se tornan los papeles y es Lucretia la que, confesando haber estado interpretando un personaje durante todo este tiempo, lleva a cabo su ansiada venganza y también sella su destino sin dudarlo dos veces.
Si algo admiro de los responsables de ‘Spartacus’ es que no tienen miedo a eliminar de la ecuación a los personajes que ya han cumplido su cometido. Ya nos lo demostraron al final de temporada con el asesinato de Quintus, y han vuelto a probarlo ahora en uno de los capítulos con más muertes que recuerdo haber visto nunca (y creedme, llevo vistos unos cuantos).
En el apartado de los esclavos, nos deja Mira (a la que, sinceramente, creo que no voy a echar mucho de menos) después de un accidente fortuito en una lucha con unos romanos, nos deja Ashur después de un mano a mano de infarto con Naevia (de esta lucha me quedaría con Crixus y el sufrimiento que el actor plasmaba magistralmente en su cara viendo a su amada arriesgar su vida) y nos deja Oenomaus en una de las luchas finales (a éste sí que le echaremos de menos).
En el bando de los romanos es Glaber el que ve llegar su fin con la espada de Spartacus atravesándole la boca. En Capua, Lucretia decide “desenvolver el regalo” de una embarazadísima Ilythia (escena chocante donde las haya) para después tirarse al vacío sin miramientos con el bebé en la mano y encontrarse así con su marido en el más allá, mientras Ilythia se desangra en el suelo mirándola fijamente… Tres personajes principales que se han “cargado” sin miramientos de cara a una tercera temporada porque seguramente no tendrían cabida en la nueva historia.

Pese a lo lento que fue el comienzo y estos aspectos negativos que acabo de comentar, tengo muchísimas ganas de ver cómo será la tercera temporada. Tal y como dice Spartacus, Roma enviará a sus ejércitos, así que ellos también necesitarán un ejército de esclavos para hacerles frente. Este final de temporada ha servido como final perfecto a la historia de Glaber y Lucretia, así que de cara a los nuevos capítulos deberán reinventarse y fijar la nueva trama. Hay ganas, ¿verdad?
En ¡Vaya Tele! | ‘Spartacus: Gods of the Arena’, una precuela que va más allá