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Una de las modas más extendidas el año pasado entre los blogueros y los críticos estadounidenses fue la del llamado hate-watching, o lo que es lo mismo, ver una serie que odias sólo para ponerla verde en las redes sociales. La tendencia empezó con ‘The Killing‘ y terminó de cimentarse con ‘The Newsroom‘, pero la que de verdad la puso de moda fue ‘Smash‘, el que era el gran estreno de la NBC para la pasada midseason y que, después de un piloto que prometía una mirada fresca al drama entre bambalinas del montaje de un musical de Broadway, acabó convertido en el hazmerreír de los críticos. En The Huffington Post todavía hacen sus críticas semanales de la serie contando los eyerolls de cada capítulo.

Ante semejante panorama, y tras ser renovada con unas audiencias más bien mediocres, Robert Greenblatt, jefe de la cadena y para el que ‘Smash’ es su proyecto mimado (empezó a gestarlo en su etapa en Showtime), forzó varios cambios. De entrada, su creadora, Theresa Rebeck, se marchaba y era sustituida por Josh Safran, ex showrunner de ‘Gossip Girl‘, y con ese cambio se iban también personajes como Ellis, Dev, el marido y el hijo de Julia y hasta su amante, que interpretaba a Joe DiMaggio en ‘Bombshell’. Safran ha decidido limitar en lo posible los momentos musicales a ensayos y actuaciones diversas, con escasas ensoñaciones mejor justificadas que en la primera temporada, y ha centrado el drama en lo profesional, más que en lo personal, aunque una y otra esfera se terminan mezclando.

Las cuitas de ‘Bombshell’

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Esta segunda temporada arranca con el musical sobre Marilyn Monroe en serios problemas, ya que el gobierno investiga de dónde sacó Eileen el dinero para financiarlo y, por tanto, su estreno en Broadway se queda en suspenso (esta temporada hay justo una obra a la que le ha pasado algo parecido, ‘Rebecca: The musical’, cancelada por el fraude de uno de sus inversores). A eso hay que añadir el escándalo en el que se ve envuelto su director, Derek, al ser acusado de acoso sexual por varias bailarinas, y las malas críticas que recibe el libreto de Julia tras los preestrenos de Boston, que obligan a Eileen a contratar a un dramaturgo especializado en el retoque de guiones para mejorar la obra. Con todo esto, buena parte de los implicados en ‘Bombshell’ empieza a buscarse la vida en otros sitios; Ivy intenta rehacer su carrera presentándose a castings para nuevos musicales, y aunque Karen sigue como protagonista de la obra, se topa por casualidad con dos camareros que están escribiendo su propio musical de forma independiente, y sin tener muchas posibilidades de llegar a verlo montado nunca.

Así, ya tenemos el punto de partida de una temporada en la que se nota un esfuerzo por rebajar el culebrón que lastró buena parte de la primera entrega y que apuesta por un tono más ligero que redima a algunos personajes (aunque para la redención de Julia no basta con eliminar sus bufandas y llevarla a compartir piso con Tom, con referencia a ‘Will y Grace‘ incluida). Ese intento de recuperación se nota especialmente en las dos protagonistas, Karen e Ivy, a las que se está dotando de algunos matices más. Ivy, por ejemplo, ha recuperado su amistad con Tom y, por ahora, se ha llevado el gran número de los tres primeros episodios, y a Karen están intentando volverla un poco “mala” y que siga los dictados de preocuparse más por sí misma de uno de los personajes nuevos de esta entrega, la diva de Broadway Veronica Moore (Jennifer Hudson). El esfuerzo es loable, pero Karen sigue siendo uno de los personajes con menos carisma de la serie.

¿Es lo mismo pero no es igual?

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Karen y Julia ejemplifican, eso sí, en qué consisten en realidad esos cambios que Safran prometió para la segunda temporada de ‘Smash’, y que un crítico estadounidense comparó con una casa que necesita reparaciones en sus cimientos pero a la que sólo se le da una nueva mano de pintura. La serie, en el fondo, no es tan diferente de como era en su primera temporada, y algunos de esos cambios no consisten más que en eliminar al novio de Karen para introducir a un nuevo interés amoroso para ella, ese camarero aspirante a compositor al que interpreta un actor de Broadway como Jeremy Jordan. Siendo justos, Safran tiene una difícil labor por delante, pues debe retocar ‘Smash’ sin cambiarla tanto, que los pocos fans que tenía inicialmente ya no la reconozcan y abandonen, pero debe mejorar ciertos aspectos que, claramente, fallaban en los primeros capítulos.

Por ahora, ese tono más ligero le va bastante mejor a ‘Smash’, igual que tener a casi todos sus personajes buscándose la vida fuera de ‘Bombshell’. Sin embargo, está por ver que esta remodelada segunda temporada vaya a salvar a la serie, porque desde que ya no se emite con el paraguas de ‘The Voice‘, sus audiencias han caído en picado. El hate-watching tiene ese problema, que aporta muchos espectadores que no van a seguir con la serie más allá de la primera temporada (y si lo hacen, son unos masoquistas), y lo que deben intentar en NBC es recuperar a los desencantados que abandonaron al ver que no se cumplían las promesas del piloto. ‘Smash’ no va a ser el gran drama adulto de la NBC, pero sí puede ser algo entretenido y con buenos momentos aquí y allá. Tal y como estaba la situación, eso ya puede ser un triunfo.

En ¡Vaya Tele! | ‘Bombshell’, el musical de Marilyn Monroe que presenta ‘Smash’

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