
Ohhhhhhhh, nos hemos puesto románticos. Es San Valentín, ese día en el bien te puedes quedar soltero si no demuestras tu amor a quien se lo profesas, y como nosotros estamos enamorados de las series de televisión y sus personajes, qué mejor homenaje que dejarnos llevar por un día y hablar de nuestras parejitas de series favoritas. Esas que nos hacen sufrir y nos encanta, aquellas que cuando pretendíamos ver solo un par de episodios conseguían que acabásemos viendo siete.
Y tenemos de tó. Gambas, chopitos, agentes del FBI que nos hicieron gritar en el cine por culpa de una maldita avispa (sí, como shipper total de esos dos, no pude reprimir un gritito, lo confieso), amigos tirando a archienemigos bajo auroras boreales y uno de los will they won’t they más frustrantes y excitantes de la historia reciente da la televisión (¡Es día para ponerse grandilocuente!).
Mulder y Scully son una de las grandes parejas con tensión sexual no resuelta de la televisión estadounidense, una tensión que ellos recuperaron y actualizaron de series anteriores como ‘Remington Steele‘, y que terminó siendo muy influyente en títulos posteriores como ‘Bones’ y ‘Castle’. Sobrevivieron a todo tipo de intentos del gobierno de silenciarlos y hasta de matarlos, y en todos los capítulos de ‘Expediente X’ dejaban siempre momentos realmente divertidos y entretenidos de ver. Aunque su relación se consumara fuera de cámara, y cuando decimos fuera de cámara, nos referimos a que nos enteramos porque, de repente, Scully estaba embarazada en la octava temporada.

De ahí nace su profundo cariño. De esos constantes encontronazos, de no estar nunca de acuerdo, de reírse del terrible destino de los novios de ella, de frustrarse con las cortas miras de él, de utilizar la labia y las metáforas para echarse en cara la cobardía de ambos. Y por eso nos encantan. Porque ese tira y afloja tan especial, esa confianza de que algún día serían capaces de darse cuenta de lo que eran el uno para el otro, era uno de los cordones que mantenían a Fleischman unido a Cicely y al espectador unido a ‘Doctor en Alaska’.

Lo más curioso es que su relación romántica se circunscribe realmente a pocos episodios, pero siguió dándonos grandes momentos como Ross pronunciando el nombre de Rachel cuando estaba a punto de casarse con Emily, ella aparentando haber superado sus sentimiento por Ross saliendo con un clon suyo o posiblemente el mejor cliffhanger que nos ha dado una sitcom con Ross entrando por una puerta que no sabíamos a donde conducía. Nos dieron de todo y es una de las pocas veces en las que no había ninguna duda sobre que debían acabar juntos porque todos queríamos que Ross y Rachel fueran la mejor pareja televisiva de la historia.
Si es que, no hay nada mejor que una tensión sexual no resuelta bien llevada. Esta tarde tendréis otra ración de parejitas televisivas, pero hasta entonces os invitamos a que os pongáis románticos también y nos digáis cuales son vuestras favoritas, las que os han hecho sufrir más, las que os dieron ganas de aplaudir con el primer beso.
En ¡Vaya Tele! | Diccionario teléfilo: Shippers