'Juego de Tronos' 4x07: juego de pasiones

'Juego de Tronos' 4x07: juego de pasiones
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Las motivaciones de los personajes de 'Juego de Tronos' son muy distintas. Hay quien ama por poder; hay quien mata por amor. Hay quien aspira a conquistar tantas victorias que es capaz de renunciar a su parte humana para conseguirlas. Hay quien no aspira más que a sufrir una vida de soledad e incomprensión y por eso dejó de sentirse humano. Hay quien vive toda una vida de amargura por no poder sobreponerse al rencor y al resentimiento. Hay quien espera toda una vida sólo para ver morir a alguien.

Las pasiones -deseo, venganza, amor, odio- mueven también el micromundo de ficción de George R. R. Martin, como ocurre en la vida real. Este capítulo ha sido, sin duda, puramente emocional (que no emotivo), en el que se los motivos para odiar o amar han salido a flote, arrojando algo de luz sobre algunos de los personajes más enigmáticos.

'Juego de Tronos' (4x07): Sinsonte

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O ruiseñor. O, mejor aún Meñique. El personaje que da título al capítulo se ha hecho esperar (como lo bueno) hasta el final. Aunque su presencia se ha limitado a los últimos minutos, es de justicia otorgarle todo el protagonismo, dados los acontecimientos y el nuevo status quo que reina en Nido de Águilas.

Meñique nos ha dado una nueva lección del arte de la guerra: Para llegar al poder se pueden librar guerras sangrientas. O se puede permanecer en las sombras, cuidando cada movimiento, reservando tus fuerzas, trazando una estrategia casi imperceptible para los demás; convirtiéndote en invisible para el enemigo y así atacar sólo cuando hay una posibilidad de victoria.

Pero hay más motivaciones detrás de sus acciones. Si Varys nos ilustraba en el capítulo anterior sobre las ventajas de renunciar al deseo, en esta entrega Petyr Baelish nos ha demostrado lo peligroso que es enfrentarse a un ser dolido y vengativo; alguien dominado por sus pasiones de tal forma que éstas actúan por él. Ha sido un acto de pasión acabar con Lysa Arryn. Fue un acto de pasión matar a Joeffrey y también sacar a Sansa de de Desembarco del Rey.

Si, es cierto que el suyo ha sido EL momento del episodio: ese tenso encuentro en las alturas entre él, mostrando una fría y casi inhumana calma, una Sansa muerta de miedo y la dolida Lysa que ya ha descubierto las motivaciones de su futuro marido. Desde el momento en el que entramos en esa estancia de la puerta de la luna, sabemos que cualquiera de ellos podría acabar despeñado contra las rocas. Lo cierto es que me inclinaba en todo momento por Lady Arryn, aunque pensé que sería ella quien se arrojara, rota de dolor y desamor. En cualquier caso, Sinsonte ha sido uno de esos capítulos en los que la ficción se recrea en mostrarnos la situación de cada cual de cara a los acontecimientos que están por venir y las relaciones que crecen entre algunos personajes, regalándonos otros muy buenos momentos.

Es el caso de las aventuras de Arya y El Perro, una de las tramas que mejores imágenes nos está dejando esta temporada. El aprenden el uno del otro, se cuidan. Parece ser que El Perro empieza a asumir que ya no es la recompensa lo que le motiva a seguir compartiendo camino con Arya (¿llegarán algún día?). Y Arya tal vez acabe por borrarle de su lista en agradecimiento a sus enseñanzas, ahora que empieza a parecerse más a una versión infantil de la vengativa Uma Thurman en Kill Bill que a aquella niña de la primera temporada. O tal vez porque por fin entiende que hay detrás de ese hermetismo con el que El Perro se aísla de los demás. Sus motivaciones.

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Las visitas a la cárcel

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Después del inesperado giro que tomó el juicio cuando Tyrion por fin se desquitó tras una vida de humillaciones y un juicio que era todo él un insulto, el pequeño de los Lannister necesita más que nunca a un amigo. Un amigo de verdad, que arriesgue su vida por él. Pero eso es mucho pedir cuando el riesgo es enfrentarse a esa bestia parda que es La Montaña y que este capítulo se ha encargado de mostrarnos en todo su macabro esplendor. Impagable, por cierto, el plano de Cersei rozando con sus reales vestiduras los intestinos esparcidos por el que será su campeón en el juicio por combate.

Tras compartir camadería con Jaime (que ya estaba dispuesto a renunciar a su vida incestuosa por salvarle) y decepción (o no, teniendo en cuenta cuáles son las motivaciones de este personaje) con Bronn, cuando éste demuestra que la lealtad tiene un límite y ni todo el oro de los Lannister compensaría morir atravesado por una espada, el acusado parece tenerlo todo perdido. "Supongo que tendré que matar yo mismo a La Montaña", le dice a Bronn sin perder su sentido del humor.

Pero no está tan solo como cree y como descubre cuando Oberyn Martell, el Príncipe de Dorne, el dolido hermano de la mujer muerta y violada a manos de Ser Gregor Clegane, aparece en su prisión -por fin una visita realmente productiva- ofreciéndose a luchar por él en el combate (que se anticipa épico) y, a los espectadores, la escena más emotiva del capítulo.

Y sí, puede que lo haga porque La Montaña le debe una, pero Oberyn tampoco olvida cómo Tyrion, desde que sólo era un bebé -y no "un monstruo"-, tuvo que lidiar con la culpa de haber matado a su madre y crecer a la sombra del odio de Cersei, encantada de que por fin vaya a llegar ese día en el que se haga justicia. Justicia por su madre, justicia por su hijo. Que se repare la ofensa que siempre ha supuesto para ella que Tyrion sea un Lannister. Afortunadamente Oberyn, uno de los jueces designados para decidir el destino de Tyrion, tiene una idea más acertada de la justicia y no ha venido desde Dorne para sellar alianzas con Tywin.

Y mientras tanto, al este y al norte...

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Daenerys sigue demostrando que es una reina clemente. Decidida a abolir la esclavitud, se deja aconsejar por Sir Jorah (y cortejar por Daario Nahari) para asegurarse de que los territorios conquistados sigan estando bajo su mando antes de seguir avanzando hacia Poniente. Pero, ¿cuál es la manera más efectiva de reinar? ¿responder con un castigo ejemplificador o practicar con el ejemplo para mostrar a los amos cómo se debe gobernar? O mejor aún, que sean ellos los que decidan: abrazar su causa o morir a manos de sus Inmaculados.

En el Muro Allister parece decepcionado con el regreso de Jon Nieve. Pese al éxito de la misión en el Torreón de Craster, la Guardia de la Noche no tiene nada que hacer contra el ejército de Mance que ya se está aproximando. Una vez más, la misma dicotomía: ¿cuál es la mejor manera de defender el Muro? ¿cuáles son sus opciones?

Apenas unos minutos para darnos una pista sobre otra amenaza que se cierne sobre el reinado del Rey Tommen, mucho más próxima: la de Stannis y el poder oscuro de su sacerdotisa, que, una vez conseguido el poder económico gracias a esa especie de FMI que es Braavos y al convincente discurso de Sir Davos, parece que por fin pueden embarcar en una misión que tal vez exija demasiado a cambio ¿Por qué insiste Melissandre en que el Señor Oscuro de la Luz quiere que la princesa Shireen viaje con ellos? Algo me huele a sacrificio, aunque no creo que Stannis consintiera algo así.

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Una nota final: preciosa fotografía la de la localización del Nido de Águilas, especialmente con la éterea Sansa como flotando entre la nieve y recordando con nostalgia su frío hogar de Invernalia. Y, acto seguido, abofeteando a Robin. Porque Sansa a estas alturas no está para aguantar a otro niñato consentido. ¿Será capaz de defenderse del pico de oro del Ruiseñor?

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