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Definitivamente, hay dos bandos muy claros entre la audiencia de ‘Girls‘, cuya segunda temporada estrena Canal+ esta noche; los que la ven porque les gusta y los que la ven porque la odian. El ruido que generan ambos bandos, con esa especie de guerra cruzada entre los elogios y los varapalos, a veces dificulta mucho que se pueda juzgar ‘Girls’ como serie de televisión, en lugar de como comentario sobre una generación o monumento al ego de su protagonista y creadora, Lena Dunham. Pero se puede intentar hablar sobre la primera mitad de su segunda temporada viéndola exactamente como eso, como una serie de televisión con un punto de vista muy claro y que sabe perfectamente lo que quiere contar y cómo son sus personajes. Y que también sabe que sus personajes son odiosos, simpáticos, insoportables y divertidos, todo a la vez. Y no se disculpa por ello.

Dejemos primero claro que a mí me gusta ‘Girls’ y que, cuando uno de sus detractores me dice que sus protagonistas son unas niñas bien que no saben lo que quieren, yo estoy de acuerdo con ellos. Y lo mejor de todo es que la serie también está de acuerdo con ellos. Lo realmente interesante de ‘Girls’ es cómo Lena Dunham es capaz de radiografiar con tanta precisión la situación vital de Hannah, Jessa, Marnie y Shoshanna, y aunque está claro que les tiene afecto, tampoco las compadece. La serie no tiene ningún reparo en mostrar los peores defectos de sus cuatro protagonistas, del mismo modo que tampoco nos oculta sus virtudes (aunque a veces sean pocas), y probablemente la clave esté en unas declaraciones de la propia Dunham durante la promoción del estreno de la segunda temporada. En una entrevista con el programa ‘Today’, de la NBC, le decían que muchos criticaban a la serie que no les gustaban sus personajes, a lo que ella respondía que a ella tampoco le gustaban sus amigos; los quería, pero no le gustaban.

Lo que Hannah quiere

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Esa diferencia de matiz es compleja, pero importante, porque ahí está buena parte del quid de la cuestión con ‘Girls’. Su protagonista central, Hannah, es profundamente imperfecta y está llena de contradicciones y de asunciones equivocadas sobre quién es y sobre lo que quiere, y eso quedó muy claro en el capítulo del pasado domingo, que levantó en Estados Unidos un encendido debate sobre algo tan superficial sobre si una chica como ella podía enrollarse con alguien como Patrick Wilson. Dejando de lado esa cuestión, lo que tenía de interesante el episodio es ese momento en el que Hannah tiene el que probablemente sea su único momento de auténtica sinceridad en toda la serie, un momento en el que le reconoce a Joshua, un médico cuarentón y divorciado y con dinero, que quiere lo mismo que todo el mundo, ser feliz, que eso no la hace especial y que toda su vida hasta ese momento puede haber sido nada más que una sucesión de equivocaciones sin sentido.

Esa suerte de revelación para Hannah llega después de que los primeros capítulos de la temporada se dedicaran casi más a la deconstrucción de Marnie, un personaje que en la primera temporada parecía tener las cosas más claras que el resto pero que está igual de confusa y tiene las mismas inseguridades que las demás. No tiene novio, su amistad con Hannah atraviesa un momento difícil y tampoco tiene trabajo, con lo que se tambalean los tres pilares sobre los que había construido su identidad, y empieza a dar tumbos dejándose llevar por lo que otros le dicen que debería hacer. Y luego tenemos a Jessa, que por fin se da cuenta de que su matrimonio con Thomas John era una huida hacia delante que no iba a ningún sitio, una falacia construida entre los dos para no tener que reconocer que lo habían hecho sólo por hacerlo y, otra vez, para no tener que pensar en lo que de verdad quieren.

Shoshanna y Ray

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Curiosamente, los únicos que están adentrándose por un nuevo camino hablando honestamente acerca de cómo se sienten son Shoshanna y Ray, cuya relación da la sensación de ser la única llevada desde una óptica más adulta. Hannah y Elijah compartían piso bajo la ilusión de que podían ser amigos, y de que se lo pasaban genial juntos, cuando claramente no era así, por ejemplo, y lo más habitual es que ningún personaje sea capaz de contarle con honestidad a otro lo que piensa o lo que siente. Shoshanna y Ray, sin embargo, han hablado más abiertamente sobre las cosas que les gustan y que no de cada uno, y aunque igualmente pueden acabar rompiendo, por ahora parecen ir avanzando con mejor tino.

El modo en el que ‘Girls’ observa y retrata a sus personajes es su característica más interesante. Como decimos, no le gustan, pero les tiene cierto afecto, que no impide que pueda mostrarlos bajo una luz muy poco favorecedora en bastantes ocasiones. Por eso mismo, pueden ser buenas y terribles personas dependiendo del momento, pueden saber cómo comportarse o meter la pata hasta el fondo, y pueden creer que saben quiénes son cuando, en realidad, no están más que adaptando una pose. ‘Girls’ renuncia a que los espectadores puedan identificarse tan fácilmente con sus chicas pero que, si lo hacen, sean conscientes de sus defectos y sus errores. Ellas son de ese modo, y tú tienes que tomarlo o dejarlo.

En ¡Vaya Tele! | Lena Dunham confirma la tercera temporada de ‘Girls’ y otras cosas de su entrevista con Alec Baldwin

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