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Mary Alice Young

Me llamo Mary Alice Young, cuando vean el periódico de hoy puede que vean un artículo sobre el día tan raro que tuve la semana pasada. Normalmente no pasa nada interesante en mi vida , pero eso cambió el jueves pasado. Al principio, todo parecía muy normal: preparé el desayuno a mi familia, hice las tareas de la casa, terminé unos trabajillos pendientes e hice los recados. En realidad, pasé el día como cualquier otro, sacándole brillo a la rutina de mi vida para que resplandeciera con toda perfección. Por eso me resultó tan asombroso que decidiera ir al armario del pasillo a coger un revolver que jamás se había usado…

Así comenzaba ‘Mujeres Desesperadas‘. Idílica, satírica, impactante. La narración de Mary Alice Young sobre su suicidio marcó el arranque de la serie y construyó el sello de identidad de la serie. Y es que la tragedia de Desesperada original no sólo servía para detonar las tramas en Wisteria Lane sino también para crear un estilo. Desde entonces, Mary Alice se convirtió en un narrador omnisciente pero que, a la vez, era muy humano y cercano a las protagonistas, que las acompañaba y reflexionaba sobre sus vidas.

Las narraciones de Mary Alice solían aparecer en el prólogo del episodio para abrir la trama principal, tras los créditos iniciales y al final del capítulo. Habitualmente usaba dos tipos de narraciones, en unas se centraba en un personaje ya fuera protagonista o que nunca hubiese aparecido, retratándolo y contándonos algo a través de él, y otras veces directamente introducían el tema con una reflexión general.

Pero siempre lo hacía para acercarnos a una serie de temas con puntos comunes: la verdad y la mentira (tema principal de la serie), ocultar cosas, las apariencias, la diferencia del bien y el mal o la delgada línea que los separa, etc. Y además, siempre usando unas palabras que marcaron el estilo de sus textos como por ejemplo “Si había algo que Bree Van de Kamp sabía…”, “Hay algo que deben saber sobre Lynette Scavo…”, “Para entender a Gabrielle Solís…”, “Verán…”, “Los barrios residenciales…” y los míticos “Sí, (…)” con los que se reafirmaba sobre la tesis.

Es cierto que las frases de los episodios han ido cambiando un poco a lo largo de la historia de la serie, siendo al principio mucho más usadas para darnos a conocer a las protagonistas y los habitantes de Fairview, para más tarde pasar a reflexiones más abstractas.

Citas para el recuerdo

Ya os dejé una frase maravillosa en el video de Bree del artículo de los “momentos desesperados”, y aquí van otras cuantas para el recuerdo, una mínima selección de un gran número de grandiosas citas.

Cada tormenta trae consigo la esperanza de que por la mañana todo volverá a estar limpio de nuevo, y que las manchas más perturbadoras habrán desaparecido… así como las dudas sobre su inocencia… o las consecuencias de su error… las cicatrices de su traición… o el recuerdo de su beso. Aguardamos a que pase la tormenta esperando lo mejor, aunque en el fondo de nosotros mismos sabemos que algunas manchas son tan indelebles que nada podrá lavarlas.

Creíamos que nunca llovería el Wisteria Lane, pero cuando lo hizo diluvió. Fue en el episodio 3×01 cuando la suerte volvía a ponerse en contra de Bree ante las sospechas de asesinato que recaían sobre su nuevo novio Orson… Nada menos que acabábamos la secuencia de la cita de Mary Alice con la mano de Monique asomando, comenzaba el misterio de la tercera temporada.

Competencia. Para cada persona significa una cosa diferente, pero ya sea una rivalidad amistosa o una pelea a muerte, el resultado final siempre es el mismo. Habrá ganadores, y habrá perdedores. Aunque el truco está en saber qué batallas librar. Verán, toda victoria tiene su precio.

El cierre del séptimo capítulo de la serie es un ejemplo de esas frases sobre temas generales que se acercan a las vivencias de las Desesperadas. En este caso concreto terminamos con Bree cerrando la puerta del garaje ocultando el secreto de Andrew, quien había atropellado a la madre de Carlos. Sí, sus actos tenían un precio

Ésta es la calle donde yo vivía, y éstas eran las personas con quienes compartía mi vida. Las conocí el día que llegaron y vi lo que trajeron con ellas: hermosos sueños para el futuro, y calladas esperanzas para una vida mejor. No sólo para ellas mismas sino también para sus hijos. Si pudiera les contaría lo que les espera, les alertaría de las penas y las traiciones que les aguardan…

No, desde donde estoy ahora veo lo suficiente del camino para comprender cómo hay que recorrerlo. El truco está en seguir hacia delante, olvidar el miedo y los remordimientos que nos frenan y que nos impiden disfrutar de un viaje que acabara muy pronto. Sí, habrá giros inesperados en el camino, asombrosas sorpresas que no nos esperábamos… pero de eso va la vida, ¿no lo creen?

Mary Alice

Para cerrar la segunda temporada, Mary Alice nos regalaba esta bonita reflexión vital en la que nos alentaba a lanzarnos a vivir la vida sin miedo antes de que nuestro final aparezca de improviso. Esta frase resultaba ser también una declaración de intenciones, pues desde este momento Mary Alice toma más distancia con las chicas.

Sólo las mejores amigas se quedan después de que haya terminado la fiesta para ayudar a limpiar. Para aclarar el dolor de una conciencia culpable. Para recoger los pedazos de un matrimonio roto. Para barrer la soledad de alguien que guarda un secreto. Sí, es bueno tener amigas que nos ayudan a limpiar la suciedad. Pero toda ama de casa sabe que cuando se limpia una suciedad, siempre aparece otra. Y puede que nos encontremos justo como al principio.

Si hay algo que ha sido una constante en la serie ha sido la amistad. Más que vecinas, compañeras de vida. Y así lo reflejaba la cita de la narradora en el primer episodio de la última temporada, donde nos recuerdan el poder del vínculo de las desesperadas. Y de paso aprovecha para hacer un guiño a los espectadores recordándoles que esto es el principio del fin recordándonos los comienzos de la serie. Lo que vemos es la nota que en su día escribió Martha Hubert, “Sé lo que hiciste. Me da asco. Voy a contarlo”, que en este caso recibe Bree.

A parte de esto, no podemos cerrar un artículo sobre las frases de ‘Mujeres Desesperadas’ sin hacer alusión a los episodios 3×16 y 5×19 que excepcionalmente no fueron narrados por Mary Alice. En ‘Mi marido, el cerdo’ fue Rex Van de Kamp el narrador, en un episodio centrando en los maridos de Wisteria Lane, mientras que en ‘Mira en sus ojos y verás lo que saben’ fue Edie Britt, la quita Desesperada, quien narró con ironía su trágica muerte.

Sí, no es fácil decir adiós a una serie como ‘Mujeres Desesperadas’.

En ¡Vaya Tele! | Diciendo adiós a ‘Mujeres Desesperadas’: momentos para el recuerdo
Diciendo adiós a ‘Mujeres desesperadas’: secretos de Wisteria Lane

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