'Cómo conocí a vuestra madre', sólo se salva por el drama

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Cómo conocí a vuestra madre

Cuando una puerta se cierra… bueno, ya sabéis el resto

No sé en qué momento ‘Cómo conocí a vuestra madre‘ dejó de ser una de mis comedias de referencia; tampoco sé en qué momento os pasó a vosotros, si es que os ha pasado; e incluso hay gente que se plantea que la serie nunca fue realmente para tanto. Yo no llego a tal extremo, pero sí concedo que ha perdido gran parte del tirón cómico que tenía. Tras siete años en antena y otras tantas temporadas a la espalda, raro sería que no perdiera ni un ápice de su genialidad (no todas son ‘Friends’ o ’30 Rock’), y sin embargo no me he planteado abandonarla en ningún momento.

¿La causa? El drama. Es curioso que una comedia como ésta haya llegado hasta tales cotas de momentos dramáticos, que nunca han estado ausentes pero que se han acentuado en la sexta y, sobre todo, en la séptima temporada. La muerte del padre de Marshall fue un claro ejemplo de cómo nos pueden dejar con el corazón compungido en el momento que a los guionistas les dé la gana. Y este año, con la esterilidad de Robin, su no-relación con Barney, la ruptura con Kevin, la relación de Barney y Nora, el intento desesperado de Ted por conseguir una esposa… se están decantando claramente por el drama.

Y no sólo con lo que enseñan, también con lo que vaticinan. No tardaron mucho en ponerse agoreros, dejando claro que la relación entre Barney, Robin y Ted no sería siempre tan feliz como ahora, y que los eventos pasados no tardarían en ponerse en el camino de su amistad. Y entre todos esos momentos que nos ponen con el corazón en un puño, se suceden una serie de bromas que no sorprenden a nadie, rara vez consiguen despertar una sonrisa, y muy esporádicamente una carcajada. Actualmente es una comedia simpática, sin más.

Entonces, ¿por qué seguimos enganchados? Pues porque conocemos a los personajes y son ya nuestros. Sí, voy a soltar el cliché más odioso que existe en la televisión: ‘Cómo conocí a vuestra madre’ es una serie de personajes, y la madre es un macguffin como una catedral de grande. Durante estos años hemos avanzado con ellos, y llegados a este punto nos llena más ver cómo Lily y Marshall se emocionan con cada noticia que reciben sobre su nuevo hijo que las tonterías que el padre de ella es capaz de hacer por no irse de casa. Y la mitología de la serie, como la “calabaza putilla” (que al final no fue para tanto) o la corbata de patos, que todavía está por resolver, quedan en un segundo plano.

Hace un tiempo los creadores de la serie compararon a ‘Cómo conocí a vuestra madre’ con una obra de teatro, y dijeron que ésta se encontraba ya en el tercer y último acto. Ya va tocando cerrar las cosas, ir emparejando a cada uno y dándoles el futuro que nos prometieron hace años. El juego con la madre es cada vez más frecuente (los paraguas amarillos no dejan de aparecer por todas partes), y no tardará ya mucho en ser presentada. Suponiendo que la octava sea también la última de la serie, yo apuesto por que lo mejor de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ está todavía por llegar. Y lloraremos como descosidos.

En ¡Vaya Tele! | ‘Cómo conocí a vuestra madre’ y la temporada de Robin

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