Síguenos

Imagen de 'White Bear', capítulo de 'Black Mirror'

Mi compañero José aprovechó su artículo de la semana pasada sobre ‘Be Right Back’, primer episodio de la segunda temporada de ‘Black Mirror’ para avanzaros que en ¡Vaya tele! Vamos a hacer un análisis lo más exhaustivo posible de los tres capítulos de los que va a constar esta segunda temporada de la más famosa y conseguida creación de la mente de Charlie Brooker. En esta ocasión me toca hablaros de ‘White Bear’, extrema actualización tecnológica de la ley del talión.

Una de las grandes bazas que jugó ‘Black Mirror’ en su primer episodio fue la capacidad de impacto que tenía en el espectador la mera idea de que el protagonista mantuviese relaciones sexuales con un cerdo o no. Sin embargo, y sin querer en ningún momento criticar la calidad del propio capítulo, eso era un arma de doble filo, ya que todo quedaba supeditado a que eso sucediera o no. Todos los que sigan la serie ya saben lo que pasó, pero en ‘White Bear’ se ha cuidado con más mimo ese aspecto, lo cual ha servido para que tenga uno de los giros de guión más demoledores que uno pueda recordar en cualquier serie televisiva. Eso sí, mejor empecemos por el principio.

‘White Bear’ comienza con una mujer despertando en el interior de una casa, una situación cotidiana que pronto se complicará, primero porque no consigue recordar nada de lo sucedido y después por las anormales reacciones de la gente que encuentra en el exterior: Todos la apuntan con sus smartphones para grabarla mientras ella huye de un – aparente- psicópata que quiere acabar con su vida sin motivo aparente. El episodio podría parecer una simple actualización de los temas de caza al hombre humano propuestos ya hace más de 80 años en ‘El malvado Zaroff’ (‘The Most Dangerous Game’, Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932) – e imitado en infinidad de ocasiones- con una curiosa crítica contra el cada vez más asentado voyeurismo hacia las tragedias ajenas – el mismo que vertebraba la escena inicial de ‘Tesis’ (Alejandro Amenábar, 1996)- aprovechando el auge y casi esclavismo de muchos hacia sus teléfonos móviles.

Imagen del episodio 2x02 de 'Black Mirror'

El problema es que esa crítica corría el peligro de diluirse por completo si no encontraba algún tipo de desarrollo para conseguir desarmar a un espectador que empezaba a impacientarse sobre una trama que en el fondo no era más que unas personas huyendo de otras que quieren hacerles daño. Algo visto en infinidad de ocasiones y que aquí casi consigue sostener en episodio por el estupendo trabajo gestual de Lenora Crichlow, la fantasma de ‘Being Human’. Es tan evidente que ahí radica la fuerza de su interpretación que el episodio no tiene problemas en reducir al máximo sus diálogos, los cuales acaban siendo una mera elongación de lo que ya sabemos con sólo mirarla a la cara.

La aparición de una especie de aliada – no tardaremos mucho en descubrir que no lo es- sirve para dar al espectador una falsa sensación de progresión narrativa, ya que nos permite conocer que el psicópata no es un único chiflado que ataca de forma aleatoria al resto, pues hay más que ocuparán su lugar una vez haya desaparecido y que los smartphones tienen una fuerza más allá de lo simbólico en la aparente zombificación del resto de la humanidad. También así descubrimos la existencia de una niña en el pasado de la protagonista, siendo para nada descabellado llegar a la conclusión de que podría ser su hija y que su misión final será la de rescatarla o fallar estrepitosamente en el intento, algo bastante probable al ser un episodio de ‘Black Mirror’ lo que estamos viendo.

No tarda entonces en llegar la gran bomba que es la que realmente sirve para delimitar hasta donde va a disfrutar – o no- uno de ‘White Bear’: Todo era un gran show ideado para martirizar a la protagonista por su implicación en el secuestro de una niña, la cual fue torturada y finalmente asesinada por su prometido sin que ella hiciera nada más allá de grabar lo sucedido como si nada. Queda así al descubierto que todo lo que hemos visto hasta entonces es una mera manipulación, tanto del espectador como de la protagonista, con la diferencia de que nosotros nos conformamos con reacciones con asombro, extrañeza o la sensación de estar asistiendo a una completa estafa, mientras que para ella no ha sido más que el comienzo de su castigo equivalente al delito cometido.

White Bear

Es innegable que Brooker nos ofrece varios detalles para encadenar el gran descubrimiento con lo visto hasta entonces, pero también que es completamente imposible atar cabos para llegar a la conclusión que nos expone. El episodio se convierte entonces en una radicalización de la crítica a los realities ya presente en ’15 Million Merits’, pero obviando la sencilla franqueza de éste para dejar llevar por una aparente necesidad de noquear al espectador con su propuesta.

Personalmente, he de señalar que ‘The National Anthem’, el episodio inaugural de la serie que tanto dio de hablar, es lo que menos me había gustado de ‘Black Mirror’ hasta la fecha, ya que estaba esclavizado por una única escena. Aquí acaba sucediendo algo similar, pero con el agravante de que pasa de forma totalmente repentina y quizá demasiado gratuita. ¿Funciona y por eso hay que perdonarlo todo? Las cosas no son tan sencillas, ya que si hay algo por lo que realmente ‘White Bear’ no se viene abajo es porque había logrado conseguir nuestra implicación con la protagonista y es únicamente por ahí por donde el episodio finalmente prospera al importarnos lo que pueda pasarle.

La crítica, siempre presente en ‘Black Mirror’, funciona si la vemos como puntos aislados con escasa conexión entre sí, pero a la hora de ver el episodio como un todo, ‘White Bear’ hace aguas, y es una pena, ya que logra crear un clima sombrío muy interesante durante todo su metraje, en especial en su tramo final. Asombro garantizado, pero a un precio que uno puede no estar dispuesto a aceptar.

En ¡Vaya tele! | ‘Black Mirror’, las redes sociales en el punto de mira en el regreso de su segunda temporada

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

22 comentarios