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El año pasado, ‘Alphas‘ fue una de las revelaciones del verano, especialmente porque pocos esperábamos que una serie de superhéroes que Syfy emitía detrás de ‘Warehouse 13‘ fuera a aventurarse por terrenos más allá de las aventuras entretenidas y ligeras de su lead-in. Pero resulta que ‘Alphas’ decidió fijarse en ‘X-Men‘ y en otras historias de mutantes del estilo, y en añadir un arco serializado sobre las intenciones poco benévolas del Departamento de Defensa para con los alfas que va encontrando el equipo de Rosen (las famosas instalaciones de Binghamton) y sobre un misterioso grupo terrorista de alfas, llamado Red Flag. La subtrama de Red Flag ha terminado evolucionando en el enfrentamiento, un poco a lo Profesor Xavier y Magneto, entre Rosen y Stanton Parish, el alfa inmortal que está convencido de que se avecina una guerra entre los mutantes y las personas “normales” y que él puede construir un mundo mejor para los alfas.

Tener a Parish como gran némesis del grupo de Rosen, y hacer que Parish admire a Rosen y no quiera enfrentarse a él hasta que el doctor no conozca su forma de pensar y su pasado, le ha dado a ‘Alphas’ un centro sobre el que orbitar mientras se desarrollan sus casos semanales de mutantes peligrosos a los que deben detener. Bastantes están relacionados con esa gran fuga de Binghamton organizada en el primer capítulo de la temporada, y otros nos muestran un vistazo a algo así como una subcultura de los alfas (con ese club de la lucha clandestino, por ejemplo), que amplía un poco más el universo de la serie. Además, el grupo de Rosen sigue teniendo sus problemas para vivir con sus habilidades, especialmente Nina. Lo que todavía no se ha explorado son las consecuencias de que Rosen hiciera pública la existencia de estos mutantes, aparte de su encarcelamiento durante varios meses, pero es probable que no tarden demasiado en tocarlas.

Un asunto personal


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El enfrentamiento entre Rosen y Parish es, evidentemente, hacia dónde se encamina esta segunda temporada, y además de esa admiración del alfa por el psiquiatra, tiene otra dimensión personal más con Dani, la hija de Rosen, del lado de Parish. Nadie más lo sabe todavía y ella no ha cortado los lazos con su padre, sino que lo ayuda y se preocupa por él, así que ya tenemos el camino preparado para que la revelación de su verdaderas simpatías tenga más impacto. O para que Dani cambie de bando, aunque esto parece ser algo un poco más complicado. Lo cierto es que crear estos lazos entre los alfas de Rosen y los “malos”, como ocurría también con Gary y Anna, la líder de Red Flag, otorga a la serie otra capa que la separa un poco del mero procedimental con superhéroes.

En estos primeros episodios hemos visto también cómo se muestran algo más las contrapartidas que sufren las personas con esas habilidades. Kat, uno de los nuevos personajes introducidos este año, tiene la capacidad de aprender cualquier cosa, por complicada que sea, en minutos, unas pocas horas como mucho, pero a cambio olvida todo lo ocurrido dos semanas atrás. La hipersensibilidad sensorial de Rachel puede forzarla a convertirse en una ermitaña sin ningún contacto con el mundo exterior, y en la primera temporada ya vimos que la superfuerza de Harken dañaba seriamente su corazón. ‘Alphas’ está explorando un poco más a sus personajes en esta segunda entrega, incluido un Gary cuyo tratamiento está siendo de lo más destacado de la serie, y su modo de dar la vuelta muchas veces al esquema del “alfa de la semana” la confirman como uno de los títulos más interesantes del verano.

P.D.: Por cierto, a los fans igual os interesará saber que, para la creación de la serie, sus responsables se basaron también en los libros del neurólogo estadounidense Oliver Sacks, que cuenta las historias de personas con enfermedades neurológicas peculiares.

En ¡Vaya Tele! | ‘Alphas’, de lo mejorcito del verano

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