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Parece que poco a poco la televisión española se va pareciendo a la americana. Como al otro lado del charlo, los jueves comienzan a ser un día en el que es complicado escoger qué se puede ver en prime time. Si somos fieles al puro trash tv estoy seguro que, como yo, habéis sido fieles a la segunda temporada de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?‘, la cual terminó ayer por todo lo alto.

Esta segunda temporada de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?‘ tenía una asignatura pendiente: superar todo el revuelo que montó con su primera temporada y seguir agradando a la audiencia. Eso, en un programa cuyo máximo exponente es el cásting de los concursantes es realmente complicado. Aún así, pese a que no han conseguido igualar al primer año, les ha salido una segunda temporada más que aceptable.

Un casting ligeramente inferior

Como ya hemos dicho, un programa de estas características se apoya principalmente en el cásting de sus concursantes. Si no consigues unos “especímentes” que agraden a la audiencia, por muy bien que hagas el programa nunca va a conseguir tener éxito. El cásting de la primera temporada fue excepcional y el de esta segunda le ha ido al quite, pero lamentablemente no han conseguido llegar al nivel que estuvo el de la primera.

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¿Cuales fueron los fallos? Para mí dos participantes, mejor dicho tres. El primero, Pedro Isidoro, el vendedor ambulante. Su aspecto “cani” y su labia le podían haber conseguido muchos minutos de grandeza pero al final consiguieron todo lo contrario: saturarnos hasta la saciedad con sus burradas y desesperarnos con una madre que, la pobre, no parecía tener muchas luces delante de la cámara.

Y el segundo, o mejor dicho los segundos, fueron los mellis. La idea de llevar a dos hermanos mellizos y que se “pelearan” por sus pretendientas era interesante y podría haber salido bien. El problema vino cuando llevas a gente como estos dos, tan aburridos, ilógicos, carentes de ritmo en todo y sin prácticamente conversación. Era ver una escena de ellos y desesperarme hasta límites insospechados, haciéndome querer no sólo cambiar de canal sino tirar el televisor por la ventana para así no verlos más.

En cuanto al resto del cásting hay que decir que fue más que aceptable. Tanto Javi e Isabel como Gabi y Toñi dieron el juego que tenían que dar, mostrándonos escenas típicas del programa y situaciones inesperadas que consiguieron sacarnos más de una sonrisa. Mención aparte merecen Pedriño y Mary, las auténticas estrellas de esta segunda temporada. A mí me enamoraron desde el principio y no pude más que adorarlos durante todo el programa. Quién haya conseguido a esta pareja merece todos los bonuses del mundo en su sueldo ya que han sido de lo mejor de esta segunda temporada y, posiblemente, de lo que lleva el programa en antena.

La explosión en Twitter, el complemento perfecto

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Pese a que en la primera temporada también hubo algo, esta segunda temporada ha sido la de la explosión en Twitter. La aparición de la denominación #hijostróspidos en todos los lados hizo que mucha gente se enganchara al programa únicamente para poder comentarlo en la red social. Y es que muchos han descubierto algo que ya se sabía, que programas como este se disfrutan mucho más en compañía, ya sea físicamente en el sofá de casa o virtualmente a través de Twitter.

Estoy seguro que sin la participación en la red social el programa no habría sido el mismo. Y eso lo han sabido explotar en Mediaset, apuntando siempre los hashtags a usar en la red social (aunque luego la gente no le hiciera caso) y haciendo guiños varios a las redes sociales en las promos del programa.

El montaje, el alma del programa

Si el casting es uno de los pilares más importantes del programa, el otro es sin lugar a dudas el montaje. La facilidad que tiene el programa para reirse de sí mismo gracias a efectos de sonido, planos diversos y escenas bien escogidas es pasmosa. Gracias a este soberbio montaje el programa es como es: uno de los máximos exponentes del trash tv de nuestro país. En esta temporada se han superado en muchas ocasiones. Un claro ejemplo es el impagable momento de la final cuando Javi (supuestamente fuera de cámaras) intenta que su madre y Rocío entierren el hacha de guerra con la canción del guardaespaldas sonando en bucle una y otra vez. Momentos como este son los que definen al programa y los que lo hacen tal y como es, un entretenimiento tremendamente divertido que sirve para pasar un buen rato delante del televisor.

En definitiva, esta segunda temporada ha estado realmente bien. No llega al excelente de la primera temporada por los fallos en el casting mencionados antes pero sí que ha tenido un buen nivel en términos generales. Si tuviéramos que darle una nota como en el instituto le daríamos, tal y como reza el título, un notable alto. Porque los tróspidos se lo merecen. ¡Larga vida a los tróspidos!

En ¡Vaya Tele! | Vuelve la diversión con la exitosa segunda temporada de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’

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