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Pesadilla en la cocina

Soy de los que piensan que todo es mentira en la televisión. Excepto algún que otro programa de reportajes o los informativos (y ya ni por estos espacios pondría hoy en día la mano en el fuego) lo que nos presenta la pequeña pantalla suele estar elaborado a conciencia por aquellos que se ponen delante y detrás de las cámaras, con la intención de llegar hasta la audiencia y conseguir sorprenderla para que un determinado programa tenga éxito.

Ese es el principal motivo por el que hay ocasiones en las que los espectadores no pueden dejar de preguntarse hasta dónde está guionizado lo que presenciamos en televisión. Son esos momentos en los que la audiencia se olvida en parte de lo que está observando y se da cuenta de la irrealidad que engloba al programa, que ofrece una situación que no reconocemos en la vida real. El boom que se ha dado en las últimas temporadas con programas como ‘Pesadilla en la cocina’, ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’ o ‘Perdidos en la tribu’ ha provocado que este tema esté en boca de todos y sobresalga en muchas conversaciones en las que nunca viene mal apostillar que no nos creemos nada del programa de turno.

Desde que el reality fue reality o, mejor dicho, desde que ‘Gran Hermano’ llegó a nuestras vidas, siempre hemos tenido la necesidad de saber qué situaciones eran reales, por qué el programa contaba con redactores para cada uno de sus concursantes o si los responsables del mismo conseguían influir en el día a día de los habitantes de la casa de Guadalix. Así se podían explicar las situaciones a las que llegaban sus habitantes, que en ocasiones parecían sacadas de la trama de alguna serie de ficción pero que siempre mantenía su estética de realismo o, al menos, de realismo televisivo.

Así, en ocasiones nos negamos a creer esas situaciones y acudimos a un hipotético guión como excusa para explicar que algo ocurra de tal manera, algo que, viniendo de la televisión, solo se trata de una verdad a medias. El caso de ‘Gran Hermano‘ es uno de los más evidentes en los que podemos detenernos para ver cómo se influye (y como consecuencia como se guioniza) en la vida de sus concursantes. El hecho de que se proponga una determinada prueba semanal, se cambien las reglas de las nominaciones de una semana a otra o se introduzcan elementos que alteren la vida de la casa son pinceladas de guión que los responsables de ‘Gran Hermano’ deciden dar, buscando que sus concursantes reaccionen de la manera que ellos y la audiencia esperan.

Gran Hermano 13

En algunos casos incluso la influencia del programa es aún más descarada, encerrando por ejemplo a dos personas que se atraen en la misma habitación debido a una regla nueva que acaba de aparecer en el juego. Estos factores influyen indiscutiblemente en la vida de los concursantes, aunque ellos entren en la casa sin ninguna indicación clara de lo que tienen que hacer durante su encierro. ‘Gran Hermano’, al igual que la audiencia, les vigila, con la diferencia de que ellos saben muy bien cómo mover los hilos para provocar ciertas situaciones que benefician a la curiosidad que el programa levanta en el espectador.

El boom de los “docu-realities”

Hubo un tiempo en el que las televisiones intentaron seguir la estela de ‘Gran Hermano’ programando todo tipo de realities, encerrando a personas en lugares diferentes y observando cómo reaccionaban público y concursantes ante lo que les presentaban. Los tiempos siguen evolucionando y ahora la moda se ha extendido hasta ofrecer esos espacios, llamados docu-shows o docu-realities, donde la realidad televisiva cobra un nuevo sentido. En las últimas temporadas hemos observado la aparición de un buen número de estos formatos, aunque no todos han contado con el mismo recibimiento por parte del público.

Las que se han mantenido intactas son las preguntas acerca de la verdadera realidad que muestran estos espacios. ¿Está todo exagerado a conciencia en ‘Pesadilla en la cocina’? ¿Seguro que las tribus de ‘Perdidos en la tribu‘ tienen esas conversaciones cuando hablan entre ellos? ¿Son de verdad los concursantes de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’ o de ‘Gandía Shore’? La incredulidad del espectador crece con cada nuevo programa de estas características que a veces incluyen escenas que podrían estar elaboradas por el equipo de guión de una ficción actual.

Estos nuevos formatos han querido distanciarse del reality convencional y está dirigido a aquellos espectadores que quieren presenciar cosas nuevas. Aún así, todos intentan mantener uno de los pilares en los programas de este tipo: presentar un buen casting para favorecer que el programa ofrezca lo que se espera de él. Este hecho sigue ocurriendo con ‘Gran Hermano’, un programa que ha presentado las mejores ediciones cuando ha tenido un casting destacable, por lo que deberíamos pensar que no todo es consecuencia de la elaboración de unos trazos de guión.

Hay que saber diferenciar o, al menos, poner sobre la mesa, lo que consideramos guión en un programa de estas características. No creo que haya nadie escribiendo los diálogos que tienen que decir los protagonistas de ‘Pesadilla en la cocina‘, por ejemplo, pero el hecho de que Alberto Chicote vaya a tu restaurante y obligue a cocineros y camareros a hacer las cosas de una determinada forma en un tiempo concreto es ya una influencia que provoca que los participantes reaccionen de la manera que a la televisión le interesa.

Quién quiere casarse con mi hijo

Así, aunque no haya guión como tal sí que hay pinceladas que se dan para influir en el desarrollo del programa, elaboradas a conciencia para obtener un material con el que sorprender a los espectadores. Estos aspectos deberían ser considerados como parte de un guión que se completa con las reacciones de los concursantes, que generalmente muestran su naturalidad y se exponen a lo que el programa de turno tenga preparado para ellos.

Un programa guionizado, ¿de verdad importa?

Llegados hasta aquí toca hacerse la reflexión final. He observado que muchos espectadores rechazan los docu-realities por el siempre hecho de que lo consideran un programa guionizado donde todo es mentira. ¿Importa? Yo siempre me he enfrentado a esos programas con la mentalidad de que son productos televisivos con el propósito de reflejar la realidad pero pueden tener numerosos intentos detrás de las cámaras para modificar esta realidad a su antojo. Aún así, valoro especialmente el entretenimiento que ese programa sea capaz de ofrecer.

El entretenimiento no está reñido con que nos presenten hechos “reales”. A mi modo de ver lo importante es que el espectador encuentre credibilidad en lo que está viendo, algo que sí considero esencial para que la audiencia logre conectar con un programa. Esto es algo que, por ejemplo, no encuentro en ‘Perdidos en la tribu’, que consigue alejarse del espectador en algunos momentos, pero que sí suele darse en el resto de espacios que se emiten actualmente en la pequeña pantalla.

Pero sobre todo, si algo hemos aprendido estos últimos años es que por encima de un buen guión se encuentra el hecho de encontrar un buen casting. Gente espontánea, natural y divertida que consiga sacar lo mejor de sí misma cuando se enfrenta a las directrices que el programa tiene preparadas. Es fundamental para que el espectador se deje llevar ante lo que ve en cada emisión y es uno de los factores que influye para que no pensemos demasiado en cuánto de lo que observamos corresponde a la realidad y cuánto a un buen guión.

En ¡Vaya tele! | Lo mejor de 2012: los tres mejores realities del año

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