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Este pasado sábado se celebró en la ciudad de Bakú (Azerbaiyán) el Eurovision Song Contest o, como lo llamamos coloquialmente por aquí, el Festival de Eurovisión. Después de haber ganado el año pasado, el país caucásico fue el encargado de organizar el festival mostrándonos una gala que, pese a no haber tenido apenas fallos, no consiguió impresionar lo más mínimo, dejándonos a todos un poco fríos.

La gala tuvo todo lo que tiene que tener un festival de Eurovisión. Una realización muy estudiada, unos presentadores florero que tenían sus discursos muy ensayados y unas transiciones que intentaron vender el país pero que lo único que consiguieron fue que nos hartáramos hasta la saciedad del mismo y de ese supuesto fuego que nos pedía el lema de la edición que encendiéramos (“Light your fire”).

Una gala muy discreta

La gala organizada por Azerbaiyán tuvo todos los ingredientes que tiene que tener un evento de estas características. Lo malo es que ninguno de esos ingredientes destacó. Tuvo su escenario enorme supuestamente innovador que al final no lo fue tanto, todo lleno de luces led en el piso y con accesorios varios como el fuego (acorde con la temática del país) y ventiladores que jugaron alguna que otra mala pasada a alguna actuación.

La realización también fue como siempre, cuidada y típica. Las steadycam brillaron con luz propia por todo lo que se utilizaron así como los zooms desde el final del escenario y los travellings con grúas. Estoy seguro que si alguien ve por primera vez el festival acabaría impresionado por las cámaras, las transiciones de escenario y los diferentes juegos de luces que pudimos disfrutar. Pero para alguien que lleva unos cuantos festivales a la espalda todos estos detalles técnicos son más de lo mismo. Sí, son excelentes y correctos pero son los de todos los años.

Actuaciones más que simples

A la falta de originalidad por parte de la organización se le unieron los países participantes. El 90% de los concursantes de la final pecaron de tradicionalistas yendo sobre seguro y ofreciendo en su actuación (que no en las canciones) un espectáculo simplista y nada original. En un festival de estas características se busca impactar al público y prácticamente ningún país lo consiguió. No sé si fue por problemas económicos debido a la crisis o que los países estaban faltos de ideas pero lo cierto es que a mí personalmente la mayoría de actuaciones me dejaron bastante tibio.

A esta afirmación le podemos quitar unas cuantas excepciones de gran calidad. Irlanda presentó una puesta escena acuática muy interesante repitiendo con Jedward, Rusia se ganó al público con unas artistas muy entrañables y una actuación algo extraña, Francia apareció con una actuación bastante espectacular y cuidada y Ucrania se salió un poco de la norma poniendo más gente de la permitida en el escenario gracias a unas pantallas.

Mención aparte merece la ganadora, Suecia. El país nórdico presentó una excelente canción con una mejor puesta en escena. Fue tal la calidad de lo hecho por Loreen que si lo comparamos con el resto de concursantes parece que Suecia hizo algún tipo de trampa. En realidad no fue así, lo que hicieron los suecos fue estudiar muy bien lo que les podía dar el escenario y aplicaron sus conocimientos para que su canción saliera lo mejor parada posible. Y vaya si lo consiguieron, echad un vistazo a la actuación porque es simplemente impresionante:

España, bien la actuación pero mal la retransmisión

Desde hace unos años España ha tenido una relación de amor y odio con Eurovisión. Este año parecía que nuestro país se quería reconciliar con el festival enviando a una artista consagrada como Pastora Soler con una canción más que decente. Y vaya si lo consiguió. La actuación española subió el nivel del festival. Pese a tener una puesta en el escenario muy simple, supieron sacar el máximo partido a la canción con unos planos muy cortos y un juego de luces que hizo que la actuación luciera al máximo en su punto álgido. Si tuviera que darle una nota, esta se llevaría sin duda un notable alto.

Una nota más baja es la que se lleva la retransmisión de TVE. Parece que para el ente público el festival se está convirtiendo más en un trámite que otra cosa. Jose María Íñigo fue el elegido, un año más, para retransmitir el festival y, para mi, no pudo haber peor elección. A Íñigo no le gusta el festival, se le nota porque sólo está ahí leyendo los apuntes de prensa y únicamente sube el tono cuando va a actuar España. A esta falta de intensidad se le unió este año diversos fallos en la retransmisión de las votaciones, una falta de objetividad tremenda (no comentó que Suecia era favorita hasta el final porque no le gustó la canción) y un protagonismo excesivo de España que no creo que sea el enfoque correcto. Y es que aunque muchos (quizás la mayoría) espectadores quieren saber cómo queda España, seguir hablando de las maravillas de la actuación hasta cuatro canciones más tarde me parece algo exagerado y sin sentido.

Pastora Soler

En definitiva, este Festival de Eurovisión 2012 fue una edición bastante normal donde no pudimos disfrutar de nada novedoso. España quedó en un merecido décimo puesto y ganó la mejor actuación. También acabó ganando TVE ya que la emisión fue vista por más de 6.5 millones de personas (un 43.5% de share), aupándose así a la segunda posición de festivales de eurovisión más vistos (justo después del de Chikiliquatre).

El año que viene organizará el festival Suecia. Estoy casi seguro que los suecos nos regalarán un espectáculo mucho mejor que los de Azerbaiyán pero para eso, lamentablemente, queda un año. Siempre nos quedarán las canciones para pasar el tiempo hasta el próximo festival.

En ¡Vaya Tele! | Siete historias televisivas sobre Eurovisión

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