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Ya hemos hablado más de una vez por aquí de la importancia de los formatos de televisión. Formato, en televisión, indica algo más que la tecnología con la que comprimimos y transmitimos la información. Un formato describe el ADN de un programa de manera totalmente exhaustiva y el negocio que hay montado en torno a ellos no tiene nombre. Cientos de personas, departamentos de creación y empresas especializadas se dedican día a día a dar forma a una idea para convertirla en un formato de televisión, con la esperanza y suerte de que algún canal se fije en ella, vea el potencial económico de dicho formato y lo compre para emisión. Una tarea difícil e insólita a partes iguales, que en España suele estar en manos de las grandes productoras de contenido.

Una idea por sí sola no puede ser registrada. Pero sí un formato de televisión, que sería esa idea muy desarrollada y con una tipología y metodología de trabajo y exposición. Es decir, no es lo mismo pensar en un programa que enseñe a cantar a la gente, que un programa en el que se enseñe a cantar y mejorar durante tres meses, gente con talento que tiene buena voz, y que la audiencia decide cuál es el mejor en una gala final. Hablaríamos de ‘OT’. Pues bien, todas estas primerizas ideas se plasman en un papel y se desarrollan parte por parte: justificación de su existencia, papel de los concursantes, de los presentadores, de la audiencia, metodología, etc. hasta que se adquiere el aspecto de un briefing más elaborado.

Este documento lo conocemos como paper format y con ello se puede registrar un programa e incluso vender un formato sin necesidad de haber realizado un episodio piloto. Ojo, para vender un formato así, tiene que ser muy muy bueno. En ficción se conoce más como biblia y la función es prácticamente la misma, solo que los personajes, cuadros afectivos entre ellos y el tratamiento de tramas están mucho más desarrollados como apartados especiales de los que un programa de televisión normalmente carece. Normalmente, la producción de un piloto ayuda mucho a la venta, ya que es la mejor forma de mostrar el potencial televisivo de nuestra idea.

Vender un formato de televisión es una de las tareas más difíciles del medio, a todos los niveles. Prácticamente todo está inventado en televisión, en alguna parte del mundo. Inventado, que no producido. Y hay mil formas de hacer las cosas (mirad el centenar de versiones de ‘Callejeros’ que tenemos o hemos tenido en antena). Por otra parte, existe una barrera televisiva a la hora de colocar un formato en televisión. Cadenas y productoras no suelen aceptar proyectos de gente que no esté dentro del medio televisivo, aunque con la aparición de internet esta barrera es cada vez más débil.

En ¡Vaya Tele! | Diccionario Teléfilo: Second Position

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