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Un príncipe para Corina

Cuatro descubrió anoche las últimas páginas de ‘Un príncipe para Corina’, el que ha sido el cuento televisado más divertido y manipulado de la temporada. Siguiendo la estela marcada por ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’, la cadena volvía a recurrir a los mismos ingredientes que habían cocinado uno de los éxitos de los últimos meses. Esta vez, el protagonismo recaía en un personaje femenino, sobre el que se ha construido toda una historia para encontrar el amor, con Luján Argüelles ejerciendo una vez más de celestina en televisión.

De nuevo, la presentadora ha tenido un papel centrado en narrar los acontecimientos y aparecer en contadas ocasiones en la historia, aunque quizá hubiera sido más placentero para el espectador verla mucho más implicada en cada uno de los programas, explotando al máximo esa acertada figura de “Bruján” que todo cuento de hadas necesita. Al fin y al cabo, eso es lo que nos ha pretendido ofrecer ‘Un príncipe para Corina‘: una moderna y televisada versión de cuento con el que cautivar a la audiencia. Para ello se ha recurrido a la magia de la postproducción, jugando con la picaresca que permite el montaje pero también abusando de su capacidad para manipular la presentación de los personajes y las escenas que nos han ofrecido.

Postproducción sí. Manipulación no

Con ‘Un príncipe para Corina’ podemos decir que se ha querido dar un paso más allá en esto del trabajo de postproducción, elevando el uso de la técnica que permite incluir efectos sonoros y visuales por doquier. En general, lo que el espectador ha recibido es otro buen espacio diseñado para que este se riera a gusto y pasara un buen rato frente a la televisión, vitoreando cada elección musical o respondiendo con entusiasmo a las alusiones que se hacían sobre lo que ocurría a través de imágenes insertadas a conciencia.

Pero, en este aumento de dosis, también hemos observado que se ha sobrepasado el límite que diferencia mostrar algo divertido al espectador con tratar a la audiencia sin inteligencia, ofreciéndole imágenes manipuladas para dar una visión de los participantes que seguramente no se ha correspondido con la manera en la que estos se han comportado realmente. Un ejemplo que demuestra este hecho han sido las sucesivas repeticiones que se han dado de risas o comentarios, cortados y pegados en sitios donde no se correspondía para provocar un resultado cómico.

El verdadero resultado, al menos para este que escribe, ha sido comprobar que querían vender algo que no había sucedido de la manera más artificial posible, con un simple corta y pega que además desentonaba con el resto de escenas que íbamos viviendo. Si alguien decía que Corina se reía demasiado en una cita, hemos visto la misma risa una y otra vez, colocada después de frases o chistes que seguramente no provocaron esa respuesta, pero que los responsables de postproducción decidieron repetirla. Queda demostrado así que incluso en su trabajo existen unos límites que es mejor no sobrepasar por el bien del programa en su conjunto.

El encanto de los sapos

Pese a contar con el protagonismo que da que tu nombre aparezca en el título del programa, Corina y amigos han sido quizá lo menos atractivo de ‘Un príncipe para Corina’, que ha encontrado en la elección de los candidatos a príncipe la mezcla perfecta para extraer un jugo adictivo con el que enganchar a la audiencia. En el primer capítulo de este cuento, ese en el que conocimos a todos los sapos, quedó dibujado a la perfección un primer boceto de estos pretendientes, dando lugar al programa más divertido que ‘Un príncipe para Corina’ ha presentado en su andadura.

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Nerds, simpáticos, únicos y guapos se han enfrentado por el amor de Corina, al mismo tiempo que mostraban sus extravagancias que eran aprovechadas por el equipo del programa a la hora de realizar el montaje. Una cadena que a veces ha funcionado a la perfección, como un diamante que necesita ser pulido para que brille. También en ese casting ha estado buena parte del atractivo de ‘Un príncipe para Corina’, a través del que hemos conocido otro buen número de personajes que han sido añadidos a la larga lista de los que ya han pasado por la programación de Cuatro.

Ha sido difícil no empatizar con alguno de estos sapos a lo largo de la temporada, que se han mostrado naturales en su conquista y que nos han dejado algunos de los momentos más divertidos del curso. La cadena debería estar pensando en seguir contando con la presencia de varios de ellos en su parrilla, algo que daría juego para futuros programas que pretendan seguir bebiendo de la corriente que ha comenzado a explotar ‘Un príncipe para Corina’ o ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’.

Un final ideal

En el último programa pudimos ver la elección final de Corina, aunque quizá se nos hizo demasiado brusco el final del cuento, después de que todavía quedaran seis candidatos a príncipe en la recámara. La temporada de ‘Un príncipe para Corina’ ha constado de nueve programas, aunque a nadie le hubiese importado que durara unos cuantos episodios más mientras siguiéramos viendo las peripecias de estos participantes y se diese algún que otro giro, como el viaje a Roma con la mitad de los pretendientes mientras el resto se quedaba en “palacio”.

Quizá uno de los peros que nos deja ‘Un príncipe para Corina’ es la incapacidad de convencernos de que cualquiera de los sapos que no pertenecía al grupo de los guapos tenía opciones de salir vencedor. Por mucho que algunos de los demás candidatos haya llegado lejos, la sensación que queda es que el físico jugaba un factor importante en la elección de la princesa, con lo que no se conseguiría despedir el programa con la moraleja que a muchos nos hubiera gustado recibir en esta particular historia. Aún así, lo que menos importa a estas alturas es la elección de la princesita. El viaje ha merecido la pena y yo ya estoy deseando acercarme de nuevo a otro de los cuentos que nos prepare Cuatro en el futuro (parece que tendremos una segunda edición de este programa próximamente). Eso sí, mucho menos manipulado pero igual de divertido, por favor.

En ¡Vaya tele! | ‘Un príncipe para Corina’, elevando la trospidez a la enésima potencia

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