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Vuelve a sorprenderme un reportaje de ‘21 días’. Me pasa a veces porque el formato no es santo de mi devoción, el papel de Samanta Villar me resulta prescindible y hay algunos temas que no han sido tratados como a mí me hubiera gustado, pero en este caso tengo que decir que ‘21 días trabajando en el mar’ llegó a emocionarme.

El reportaje habitual adquirió tintes de documental al narrar una historia para la que no había montaje posible y para la que no se podían provocar secuencias. La vida pasaba se involucrase o no en ella la periodista, y qué vida. Dejando a un lado las dificultades de adaptación de Samanta Villar, en ’21 días trabajando en el mar’ se contó realmente una historia y tuvieron la suerte de encontrarse a una tripulación que puso a su disposición sus miedos, sus angustias, sus temores y sus alegrías, algo en lo que el equipo del programa apenas influyó y que yo agradezco.

Para mí lo realmente importante no era lo que Samanta Villar decía, sino lo que decían los verdaderos protagonistas de la historia, trabajadores atados a un barco y a una realidad que les aleja de sus vidas para poder mantener sus vidas. Una entrega que contaron sin pudor, con sentido del humor, con resignación, con angustia…,. Todo un ejemplo de algo que se acerca a los reportajes que más me gusta ver a mí, pero ya sé que esto es cuestión de gustos. Prefiero la honestidad del testimonio no manipulado si es que es eso lo que pretenden venderme.

En ’21 días trabajando en el mar’ había una rutina fija que no se podía romper, unos trabajos a realizar sí o sí, unos horarios que cumplir y unas experiencias y sensaciones por contar. Aprovechándose de esa estructura inamovible, el reportaje reflejó los aspectos más relevantes de ese trabajo contando con el excelente carácter de los marineros y por todo esto en este reportaje ha sido en uno de los pocos en los que realmente me parece que se consigue la máxima de “porque no es lo mismo contarlo que vivirlo”.

Ojalá siguieran esta línea en sucesivas entregas pero en la próxima anunciada, la dedicada al chamanismo, me temo que no va a ser así. Qué se le va a hacer. En mi caso intentaré disfrutar de los reportajes que más se adapten a mis gustos porque no me queda otra. A ver si con la próxima reportera se da un giro al formato y se premia más la presencia de los protagonistas en lugar de hacer que todo gire en torno a la periodista. Por pedir que no quede.

En ¡Vaya Tele! | ‘21 días en el mundo del porno’, de decepción nada

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