Imagina que eres uno de los magos más poderosos del mundo y de un día para otro te condenan a vivir en el cuerpo de un gato. Todos tus poderes y ambiciones reducidas a estar tirado en un cojín y mirar por la ventana, toda tu magia limitada a escupir bolas de pelo y mover la cola con sutil elegancia. Y encima, tienes que cuidar de una adolescente caprichosa y sin personalidad alguna. Esta, amigos, es la condena de Salem, el gato de Sabrina.







