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A finales de los 80, mucho antes de que creara ‘The Wire‘, David Simon era un periodista de la sección de sucesos del Baltimore Sun. En aquella época, la ciudad tenía una de las tasas de criminalidad más altas de Estados Unidos, con dos asesinatos cada tres días, y Simon cubría muchos de ellos, trabajando muy de cerca con el departamento de Homicidios de la policía. De hecho, llegó a pasar un año entero empotrado allí, viviendo el día a día (y las noches) de los detectives, empapándose de su brutal ritmo de trabajo, de sus frustraciones, del humor negrísimo que les ayuda a lidiar con situaciones muy difíciles, de la política de oficina y de cómo son las calles a las que deben ir a ver muertos que, muchas veces, no le importan a casi nadie.
‘Homicidio’, que más tarde sería la base para una longeva serie de televisión con el mismo título, es un largo reportaje que nos mete de lleno entre los inspectores encargados de investigar las muertes violentas. Estos son unos treinta y se dividen en varios grupos al mando de un teniente, que trabajan a turnos: uno de ocho a cuatro, otro de cuatro a doce y otro por la noche. Esos horarios sólo son teóricos, pues si los detectives están trabajando en un caso, es muy probable que hagan horas extras (algo que buscan muy a menudo para redondear su sueldo) y que acaben pasando en la oficina hasta 20 horas al día durante los primeros estadios de dicha investigación. El libro se estuctura en diez grandes capítulos, y cada uno de ellos se divide en días, empezando en enero de 1988 y terminando en diciembre, y en cada uno de esos días vivimos un aspecto del trabajo en un caso desde el punto de vista de uno de los detectives, o de todo su turno.
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