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Mando a distancia

Leyendo lo que teorizaba Manuls sobre el misterio de los programas de niños gorgoriteros, me vino a la cabeza una anécdota de hace ya unos años, cuando la TDT en España era sólo algo con lo que experimentaba Quiero TV y cuando lo habitual en mi comunidad autonóma era tener sintonizados no más de siete u ocho canales en el mejor de los casos.

Hablando un día con un amigo del trabajo, él me explicaba su curiosa teoría sobre el uso del mando a distancia, y es que observando ese pequeño dispositivo se podía intuir fácilmente cuáles eran los usos que le daba una persona a la tele. En su caso, me decía, los botones más gastados eran el número 3, por TV3, y el número 5, por Telecinco (corrían los últimos años noventa y Telecinco tenía cosas dignas de ser vistas, como el primer ‘CQC’). El 6, correspondiente en su tele a Antena 3, sólo era pulsado para ver ‘Los Simpson’, así que lo tenía nuevecito.

Sí, lo suyo era la teoría de la fidelidad de la audiencia en estado puro, vista desde el mando.

Y esa forma de hacer propiciaba que mi amigo no viera más de Antena 3 que ‘Los Simpson’, sólo porque no atendía a las novedades de aquella cadena y porque él no creía que hubiera nada más que aquella cadena pudiera ofrecerle. Le resultaba más cómodo tener en la cabeza los programas que le interesaban de TV3 y Telecinco, TVE para él ni siquiera contaba y el resto, como Canal Plus, para hacer zapping de vez en cuando. Y es que su fidelidad no se regía tanto por la calidad de sus cadenas más apreciadas, sino por la pereza que le daba buscar nuevas sensaciones.

Y es que, no nos engañemos, la audiencia no se compone sólo de teléfilos, seriéfilos y cinéfilos que se saben de memoria hasta el número de zapatillas que calzan sus ídolos de la pantalla, sino de muchísimas personas que cuando ponen la tele en marcha lo único que quieren es despreocuparse y desconectar del mundo, por lo que ya pueden batallar entre sí los programadores, que al final todo se resume en la inercia de los espectadores.

De hecho, yo también he ido trazando una evolución personal que se podría seguir mirando el mando a distancia de mi tele: primero gasté unos pocos números, dos o tres, luego fui erosionando el resto de botones a la espera de encontrar algo que me satisficiera, más tarde las fechas de programa arriba, programa abajo revelaron mi afán por zapear compulsivamente para encontrar algo diferente, y creo que hoy por hoy el botón que más uso es uno de color rojo con un circulito en medio. Cuando lo aprieto, finaliza mi desesperación.

¿Vosotros tenéis un botón del mando más gastado que otro?

En ¡Vaya Tele! | El misterio de los niños que cantan

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